Actualidad Opinión

Los visitantes

ANGEL JESUS ACUÑA SOTO

A priori, quien lea este título puede quedarse muy extrañado al tratarse de un artículo cofrade, pero no es más que el reflejo de la realidad, de “la nueva normalidad”.

Haciendo referencia al deporte rey del planeta, el fútbol, quiero expresar mi visión del mundo cofrade, al menos, en lo que respecta a esta bendita ciudad llamada Sevilla. El equipo visitante es aquel que se desplaza al campo contrario, donde tiene a la hinchada en contra, donde terceros (árbitros y linieres) pueden sentir la presión del conjunto local y sus aficionados, y donde el equipo visitante suele salir perjudicado (no siempre, claro está) por las cosas que van ocurriendo durante el partido.

Explicado esto, tengo que asignar los roles correspondientes:

-Como equipo local, tenemos a nuestros queridos cofrades guardaesencias, a los “epidemiólogos” de la Muy Heroica, Muy Noble, Muy Leal, Invicta y Mariana ciudad de Sevilla; y a los conservadores por naturaleza propia.

-Como terceros influenciables señalamos, como es obvio, a Ayuntamiento, Iglesia y Consejo (aunque algunos de sus miembros podrían jugar de local perfectamente).

-Como visitantes estaríamos los bichos raros, los “genocidas”, los “sacapasitos”, los temerarios, los “rompetradiciones”.

Los locales llevan meses inoperantes, desaparecidos, en estado de hibernación. No les interesa trabajar en nada que implique vueltas de tuercas, dolores de cabeza, análisis, estudios o modificaciones sustanciales. Es preferible, sin duda, continuar así hasta que haya una vacuna “porque la Semana Santa tiene que ser como siempre o si no, no es”. Y se quedan tan panchos.

¿Nadie recuerda cómo eran las primeras procesiones? ¿Nadie recuerda que no había Titulares en las calles? ¿Nadie ha estudiado y/o leído qué función tenían? ¿De verdad? Y resulta que los “sacapasitos” somos nosotros, los visitantes, cuando son ellos los que están dando clarísimas muestras de querer su paso con “toas” sus flores, sus bandas y su chimpún, su bulla sevillana (omé, parfavá), su “servesita” sin mascarilla, etc. Porque eso de trabajar no va con ellos, porque la Semana Santa es de toda la vida de Dios como ellos dicen y, sin embargo, muestran la ignorancia supina de aquellos que no han cogido un libro de historia cofrade en su vida, puesto que el origen de las primitivas hermandades no era sacar un paso, ni siquiera a sus Titulares. Hacían pública protestación de fe de camino a las Cruces que estaban situadas en los exteriores de la ciudad, con un grupo de hermanos de luces que iban realizando su particular penitencia con una cruz que presidía o cerraba el cortejo.

Pues esta fórmula, que bien estudiada y trabajada por los árbitros y linieres sería factible, a los locales no gusta. Se sale de la tradición. ¿Qué tradición? ¿La vuestra? Lo siento, amigos locales, pero no. Si no puede haber cervecita en el Salvador sin mascarilla, o no puedes sentarte hombro con hombro en la silla, o no puedes remontar una cofradía empujando a los hermanos nazarenos, o no puedes darte el besito en el cuello de rigor durante este próximo 2021, tú eres el que debe de esperar un añito más y no pasa nada.

Los visitantes creemos que se ha de trabajar, estudiar, analizar y probar alternativas. Hoy en día, gracias a las redes sociales, podemos ver muchas posibilidades que, dentro de la dificultad que entrañan, podrían ser viables. Que, en pleno 2020, parezca inviable aforar calles de forma controlada o poder manejar con algo de seguridad masas de personas con las tecnologías que existen y con las FFCCSE y voluntarios que podrían ponerse en las calles, resulta sorprendente.

Es evidente que el riesgo no sería cero, pero es que dicha situación es la misma en el transporte público, cines, teatros, parques, bares (y muchos más ejemplos que se pueden poner), y no veo a nadie echándose las manos a la cabeza o pidiendo desesperadamente que nos vuelvan a confinar. En base a lo que se lee en nuestras benditas redes, deberíamos de salir todos cual científicos de laboratorios de nivel 5 (si existen, que no lo sé) para evitar el contagio… o no salir. Ni siquiera los anuncios de vacunas les ha rebajado a los locales las ganas de asustar, atemorizar o de preocupar al resto. Ellos permanecen firmes, férreos, tienen a muchos a su favor y saben que controlan a muchos indecisos.

Mientras, los visitantes seguimos luchando para que no ganen la batalla sin que, siquiera, se salte al campo preparados para ella. Una persona realista (¡Ay, qué palabra para algunos…!) sabe que está complicada la Semana Santa o cualquier evento de grandes masas para 2021. Pero existen posibilidades y medios para que podamos tener una celebración popular en las calles medianamente controlada que haga recuperar las mermadas arcas de la ciudad del ocio, las fiestas, las palmas y el incienso.

Recordemos que el art. 16 de la CE dice “sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.” Asimismo, el art. 3 de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa pone límites más concretos al ejercicio de las manifestaciones religiosas, como pueden ser “la salvaguardia de la seguridad, de la salud y de la moralidad pública”. Podríamos suponer que el estado actual de contagios e ingresos sí sería un motivo suficiente para denegar una salida procesional, pero no sabemos qué situación tendremos en noviembre, o en enero, o en el propio marzo. Por esa misma razón hay que diseñar y preparar posibles alternativas para diversos escenarios. Si se estudian mecanismos, formatos, recorridos, aforamientos y demás elementos que permiten que no se transgreda esa coletilla del 16.1 de la CE y del art. 3 de la LOLR, ¿quién puede negar un acto público? Los esfuerzos han de venir de todas las partes implicadas, y aquí entran en juego los árbitros y linieres.

Ellos están cómodos, viendo cómo se despedazan los locales y los visitantes, pero lo cierto es que ellos son unos ineptos acomodados a sus sillones cuyo objetivo es ser como Pilatos: “me lavo las manos y que se ajusten entre ellos”. Eso se dirán en sus ágapes mientras devoran cartuchitos de chocos, adobos y alguna que otra croquetilla. Algunos deberían saber que sus cargos son de servicio público y, otros, de servicio a unas corporaciones a las que, de vez en cuando, podrían arrimar el hombro y ayudarlas, pero trabajar por y para ellas, sobre todo.

Nuestro estimado Consejo metió la pata cuando dejó expedito el camino de las devoluciones a los usuarios de la carrera oficial (asunto que traté en el artículo al César lo que es del César), llevándose un bofetón de realidad que no esperaba (sería el único). Ahora solo se relame las heridas y se dedica a dar titulares periodísticos que solo aportan lástima a una institución sin fuerza, sin capacidad de mando y cuya única imposición fue decirle al Martes Santo que se empieza en Campana. Hace falta carácter y dotes de mando para todo, no solo para reconvertir a ovejas listas en ovejas tontas. Eso sí, nos ha dado la perla del año junto a “me tiene que llamar la OMS para suspender la Semana Santa” del querido John Swords: que “Un desfile de pasos por amplias avenidas sería más una cabalgata que una estación de penitencia” dice el Ilustrísimo Presi…¡Casi na!

De los otros dos complementos no puedo decir nada, pues nada van a hacer si el Consejo no mueve ficha. Ellos van a tirarse a la bartola en sus cómodos “cheslong” para ver cómo se suceden los acontecimientos. Triste y pobre situación, pero es lo que hay.

Existen ejemplos de que son posibles algunas alternativas, pues ha habido varias muestras de actos en la calle en las que no ha pasado absolutamente nada, como la celebración del ascenso del Cádiz que, sin duda, fue muy controlada y aforada y, aun así, hubo miles de contagios… ¡Ah, espera, no! ¡Hasta el Lagoh tiene un sistema de control de aforo informatizado! (es un recinto cerrado, lo sé, pero es una idea, un comienzo). Si en casos como este y similares, espontáneos u organizados, no se han reportado excesivos problemas, ¿por qué en una Semana Santa aforada, controlada, modificada y/u organizada debería ser distinto? ¿El coronavirus es cofrade? ¿Es ateo? ¿Va a venir de turismo a Sevilla para ver hermandades?

De verdad les digo que, muchas veces, se me escapan datos, informaciones, detalles que desconozco y me convierten en un miembro del equipo visitante, porque no entiendo cómo, desde dentro, preferimos dejar morir nuestras esperanzas, nuestras ganas e ilusiones por nuestra Semana Mayor, en lugar de trabajar y dar millones de vueltas a distintas posibilidades con tal de no estar de brazos cruzados esperando que pase el temporal o viendo cómo otros hacen sus deberes y obtienen sus frutos.

La Sevilla cofrade rancia, asustadiza y acomodada, en lugar de aceptar el reto de la adaptación, prefiere sentarse a descontar días o años para que un enemigo invisible le deje volver a ser la que fue.

Yo soy sevillano, cofrade, precavido y, por naturaleza propia, hipocondriaco, pero en esta ocasión me enfundo la camiseta de los visitantes porque, si algo tengo claro, es que prefiero trabajar y adaptarme para ganar, antes que sentarme y esperar a la derrota.

En palabras de Sun Tzu, “se llama genio a la capacidad de obtener la victoria cambiando y adaptándose según el enemigo.” Y esto, queridos amigos, es lo que mi querida y amada Sevilla no quiere hacer. No entiende que hay que adaptarse y aprender a convivir con el COVID. Por eso, me he dado cuenta de que el enemigo no es el virus ni los jugadores del equipo visitante; el enemigo está en casa y se llama desidia.

Nadie quiere percatarse de que las Hermandades están sufriendo, alguna muy cerca de la UCI, y si no se interviene ya a las pacientes, pronto vendrán los funerales. Creo que “a buen entendedor, pocas palabras bastan.”

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Un comentario

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Juan 09/23/2020 at 16:42

Bueno, que se puede esperar cuando se impone la dictadura de una calle, entre otros egoísmos, se impone antes que buscar solución al caos de la Semana Santa?

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