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¿Dónde está el Ayuntamiento de Sevilla?

Todavía sin querer asumir la importancia de las procesiones en materia económica -no dígase ya espiritual o social- para las hermandades, el tiempo avanza y los problemas van agravándose lentamente. Hay quien prefiere cerrar los ojos para hacer como que no existen esos problemas. Los popes de la cosa cofradiera canturrean sus maravillas por las esquinas: mientras que se repite como una letanía aquello de permanecer en el ejercicio de la caridad -como si para la caridad no hiciesen falta recursos-, se mira de reojo a la puesta en escena del Gran Poder, adjetivando la celebración de «ensayo general». A esos mismos popes habría que recordarles que las hermandades fueron fundadas para el culto externo, y en cualquier caso, estirando mucho el concepto, para la evangelización. Y aunque el Código de Derecho Canónico recoja la caridad o la animación del espíritu cristiano en el orden temporal entre los fines de las asociaciones públicas, orientarlas hacia esos fines sería, sin duda, desvirtuar su auténtica identidad.

Habiendo sido éste anterior el primer ejercicio de coherencia, el segundo sería, modestamente, asumir la realidad. Tocan tiempos de poco dinero y de desbandada. Las hermandades sevillanas no disponen de una red amplia y formada de voluntarios que permita actuar de manera directa sobre los problemas urgentes. En cualquier caso, muchas de las hermandades están actuando como correa de transmisión. Reciben donaciones que canalizan. Siendo esta tarea importante, podría decirse que las acciones de transformación social que se venían llevando a cabo, podrían verse paralizadas ante la falta de recursos. Lo cual nos lleva al tercer ejercicio de coherencia. ¿Dónde está la Administración Pública? ¿Dónde está el Ayuntamiento de Sevilla, la Junta de Andalucía o la Diputación?

Para la Semana Santa de 2019, el Ayuntamiento de Sevilla estimó un impacto económico de 400 millones de euros. A los diferentes concejales se les seca la boca repitiendo la importancia de las hermandades, alabando su trabajo en los barrios, elogiando sus actividades y se dan puñetazos por coger una vara para ponerse delante de los pasos. Sin embargo, ¿dónde están ahora? ¿Qué partido ha propuesto hacer algo en favor de las hermandades?

Sin complejos de ninguna clase, hay que tocar a las puertas de las de las Administraciones Públicas y recordar aquello de «qué hay de lo mío». No sería la primera vez. Ya en los años sesenta, las hermandades salieron a la calle con mesas petitorias para financiar la Semana Santa. Ante semejante bochorno y la posibilidad de que no hubiera cofradías, Carrero Blanco y Utrera Molina apañaron el asunto para que el dinero llegase. La situación ahora es, todavía, más dramática.

Ya no se trata de que las hermandades no tengan dinero para flores o bandas. Se trata de que se quedarán sin dinero para repartir comida, atender a las embarazadas en situación vulnerable, que no podrán continuar los acompañamientos a los niños necesitados de estimulación precoz o que ya no podrán sostener el pago de alquileres, facturas de luz o agua. Se trata de que las hermandades forman parte del tejido asistencial de la ciudad y que establecen estrechos lazos de colaboración con otras entidades del tercer sector para ir al encuentro de los pobres.

Mientras eso ocurre, mientras la caja de las hermandades se vacía y el horizonte se oscurece, el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, se fotografían ante el Señor del Gran Poder. Pues bien: obras son amores y no buenas razones. A las hermandades les toca reclamar y a los gestores públicos atender. Así como cada año se publica una convocatoria de subvenciones destinada a las asociaciones sevillanas, ¿por qué no se realiza una misma convocatoria específica para entidades religiosas? Una sugerencia: bastarían tres millones de euros de un presupuesto municipal que supera los mil millones, que se dice pronto. Y con una regulación estricta: bajo justificación de facturas destinadas a gastos de funcionamiento, actividades sociales y conservación de patrimonio. Como diría Lopera, fijarze bien. Con esta simple medida, las hermandades harían frente a sus gastos corrientes, dispondrían de liquidez para sus obras asistenciales y podrían seguir afrontando los pagos patrimoniales, lo cual afectaría positivamente al sector de artistas y artesanos.

Si esta iniciativa no sale adelante, si el Ayuntamiento de Sevilla no sale al amparo de las hermandades, que tantas neveras llenan y a tantos atienden, se habrá demostrado también una incoherencia triple: que los políticos usan y manosean a las hermandades, que las hermandades se dejan usar y manosear por los políticos , y que el Consejo definitivamente no sirve para nada.

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Alberto Calero Moreno

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