Actualidad Opinión

El comodísimo paseo de la Semana Santa hacia el precipicio

Por Basilio García

Hace tiempo que no leo libros, pero este domingo un insigne forero, de esos que tienen la etiqueta de pedigrí de “este estaba en el Nazareno”, me prestó uno de temática cofrade que era de mi interés. En un pequeño impasse de tiempo que tuve, comencé a hojear y ojear las primeras páginas y me encontré algunas frases que merece la pena destacar en estos tiempos que corren:

  • “Todas las hermandades exponen en sus reglas, de forma explícita, sus fines, de entre los que el primordial suele ser, por la propia definición canónica de cofradía, el de rendir culto a unas imágenes de determinada advocación, amén de otros, si no secundarios, sí, al menos, complementarios, de caridad o apostolado. Entre tal articulado aparece el compromiso de efectuar estación de penitencia a la catedral en un día concreto de la Semana Santa. Prescripción esta que, si en el contexto de la mayoría de las reglas no parece primordial, en la realidad se irroga un protagonismo indiscutible, hasta el punto de que su incumplimiento ha dolido enfriar el fervor de sus cofrades, y si tal incumplimiento se prolongaba durante varios años, la cofradía entraba en irremediable situación de decadencia hasta su total abandono”.
  • Una hermandad que renunciara a su estación penitencial se convertiría en una asociación piadosa, pero dejaría de ser una cofradía, según Sevilla”.
  • La vitalidad en el mundo cofradiero no se advierte sólo por la magnificencia de sus elementos materiales, por la antigüedad de sus tradiciones, ni por la complejidad de su tesoro inmaterial, sino que se desprende inequívocamente de su evolución”.
  • “La síntesis cartesiana trasladada a las cofradías habría que enunciarla así: ‘Evoluciono, luego vivo’”.
  • “En el mundo cofradiero, si el axioma fuera discutible, admitiría la defensa por demostración derivada de que las hermandades que no fueron capaces de evolucionar en la medida que exigían las circunstancias coyunturales, se entibiaron hacia su extinción”.
  • “Aunque las cofradias han sido reiteradamente tachadas de inmovilistas, lo cierto es que han ido evolucionando, si no a la par -tampoco en vanguardia-, sí puede decirse que casi a par del devenir sociopolítico. De no ser así no hubieran sobrevivido”.

Y paro ya, por no hacerme demasiado pesado y porque sinceramente aún no me he leído ni un cuarto del libro. La publicación en cuestión es ‘La Semana Santa, de ayer a hoy’, obra de Julio Martínez Velasco enmarcada en la Colección Arfe, de la Editorial Castillejo. Obra fundamental para entender los vericuetos de las cofradías sevillanas.

Cuál fue mi sorpresa cuando comprobé que este ejemplar tiene su depósito legal fijado en el año 1992, y se terminó de imprimir el 5 de abril -festividad de San Vicente Ferrer- de aquel importantísimo año para Sevilla y España. Una semana después fue Domingo de Ramos y, tras una espléndida Semana Santa en la que salieron todas las cofradías, el 18 de abril se celebró el penúltimo Santo Entierro Grande que recordamos -y tiene pinta que recordaremos-.

De aquel Sábado Santo viene a mi memoria uno de mis primeros recuerdos de la Semana Santa sevillana. El inigualable misterio de la Quinta Angustia avanzaba por la Plaza de la Magdalena y mi inocencia de 8 años le preguntaba a mi padre cómo era que se sostenía el Cristo con el papel higiénico. 28 años después, esa anécdota, recordada en el tiempo como sólo unos padres saben hacerlo, sigue siendo fundamental en mi vida cofrade y uno de esos tesoros peculiares que cada uno guarda en el tesoro de aquellos años en los que la ilusión era nuestro gran don. Un momento de esos que, más allá de la risa que provocó y sigue provocando, me construyeron como cofrade.

Hoy, muchos cofrades se han estirado tanto que están a punto de romper con esto. Es lo que se lleva. Increíblemente hemos desvirtuado desde dentro el sentido de las cofradías y estaciones de penitencia hasta hablar nosotros mismos de cabalgatas, reducirlas a que no es necesario -cuidado con esto, que necesario en esta vida sólo es comer, dormir, beber y respirar-, o a argumentar que si estamos varios años sin salir no pasa nada.

La historia nos dice que las cofradías han evolucionado adaptándose a sus tiempos, el “esto siempre fue así” es directamente mentira. Una milonga. Hay que entender las circunstancias en las que estamos, siempre ha sido así, y no se trata de salir a la calle sí o sí, sino de adecuarse y estudiar alternativas cuando si algo hemos aprendido de la pandemia es que ésta es indescifrable e imprevista.

Las hermandades sin procesiones dejan de ser cofradías, no lo olviden, y de estos barros vendrán otros lodos, ya lo dijo Martínez Velasco hace 28 años. ¿Estamos dispuestos a cercenar las ilusiones de los niños -los grandes olvidados de estos malditos tiempos que corren- y cortar de raíz su vinculación con las cofradías durante años? ¿O a esos mayores que miran con lágrimas en los ojos a sus imágenes cada vez que salen porque no saben si será la última vez que las vean? ¿Sólo porque los árboles no nos dejan ver el bosque? Las grandes víctimas de estas posturas irracionales son las cofradías, no lo olviden, en su presente y su futuro. No nos vayamos solos hacia el precipicio mientras los que querían empujarnos sonríen viéndonos avanzar hacia él.

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