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Música para el recuerdo: marchas dedicadas a la memoria de los que ya no están para el mes de difuntos (Bandas de Música-parte I)

Noviembre es el mes en el que los católicos (aunque cada vez menos, quizás) aprovechamos para honrar la memoria de los que partieron.

Y coincidiendo con que noviembre es también el mes en el que nuestro credo celebra a la Patrona de la Música, Santa Cecilia, quería aprovechar que en estas fechas rememoramos a nuestros difuntos para hacer algo similar, y distinto a mi línea habitual, pero en torno a la música, más concretamente a la música cofrade acorde a este espacio en la red que me brinda estas líneas, y llevar a cabo un pequeño trabajo, no de investigación, porque no voy a descubrir nada nuevo, sino de recopilación y difusión de algunas de las más destacadas marchas que, a lo largo de la historia, se han dedicado a honrar la memoria de los que ya no están.

Empezamos por el género “mayor” por excelencia, el que atesora los mejores ejemplos y las más grandes obras de arte de la música cofrade, la música para Bandas de Música de plantilla completa, Bandas Sinfónicas, Bandas de Palio,… (como se quiera llamar).


Los inicios:

Evidentemente, desde los inicios de la música procesional para banda, tan enraizado con el Romanticismo y con ese concepto del patetismo, lo sublime terrible, la muerte,… cuyo máximo exponente en lo musical era la marcha fúnebre, ya existieron, no podía ser de otra forma, marchas procesionales dedicadas a la memoria de algún difunto. De hecho, el propio concepto de marcha fúnebre se relaciona directamente con este respeto y honores a los muertos, aunque aquí mencionaremos ejemplos con dedicatorias quizás algo más específicos.
Es por ello que los primeros ejemplos que mencionaré serán marchas decimonónicas que, enraizadas en esa marcha fúnebre, beben de ese patetismo romántico, siendo en muchos casos marchas hoy en día muy paradigmáticas.

Y quizás la más famosa de todas sea la hoy conocida como Virgen del Valle. Compuesta en 1897 por Vicente Gómez-Zarzuela Pérez es una de las marchas fúnebres más famosas y grabadas de la historia de la música procesional y por ello abre esta recopilación. El compositor, hermano de la Hermandad del Valle para la que ya había escrito coplas y motetes, la realizó inspirado en la trágica muerte de su amigo Alberto Barrau, también hermano del Valle (de ahí la dedicatoria también a la Hermandad) que pereció en la tragedia del vapor Aznalfarache (pueden conocer algo más ampliamente la historia en este documento). Gómez-Zarzuela no era un compositor para banda. Había compuesto, como hemos dicho, piezas para los cultos de la Hermandad pero nunca había realizado una marcha, de hecho Virgen del Valle, titulada simplemente como “Marcha lenta” en la partitura original, fue escrita a piano, en cuya partitura original se puede leer la dedicatoria de puño y letra del autor “A la memoria de mi amigo Alberto Barrau”. Posteriormente inmortalizada para banda, aunque se atribuyó su instrumentación a Manuel Font Fernández, lo más lógico sería pensar que sería instrumentada para banda por Francisco Serra, director de la Banda del Regimiento de Infantería de Granada 34 de guarnición en Sevilla, banda que estrenó la pieza el Jueves Santo de 1898. Destacable el sobrecogedor final en un decrescendo que parece simular un corazón que deja de latir poco a poco hasta apagarse.

Otros autores de finales de la centuria del XIX crearon marchas fúnebres con dedicatorias a difuntos. Es el caso de autores como Eduardo López Juarranz con ejemplos como la Marcha Fúnebre de título desconocido que en 1894 dedicó a la memoria de su maestro Emilio Arrieta o la más conocida ¡Pobre Carmen! de hacia 1890 y de dedicatoria desconocida aunque durante un tiempo se pensó que estaba dedicada a una supuesta hija fallecida del autor; o Manuel Font Fernández de la Herranz, continuador de la famosa saga que iniciara su padre José Font Marimont y a quien precisamente se dedica otro de los ejemplos paradigmáticos que podemos citar aquí como es la marcha A la memoria de mi padre de 1899. Una gran desconocida de las obras maestras de nuestra música procesional (o al menos mucho más desconocida que otras), gran ejemplo de sensibilidad musical, oda musical a la memoria del iniciador de una gran saga de compositores que daría gloria al género en varias generaciones.


Como dice el Cuarto Mandamiento…:

La pérdida de un padre o una madre, como en este ejemplo, siempre es un punto de inflexión en la vida de cualquier persona, cuánto más para un compositor que ante la triste pérdida de una de las personas que te dio la vida quiere plasmar con música sus sentimientos, su recuerdo, su memoria. Y es así como muchísimos ejemplos a lo largo de toda la historia podemos encontrar de marchas dedicadas con todo ese afecto y emoción a un padre o a una madre.

Por citar algunos ejemplos, para no extender mucho, comenzamos sin salir de la época decimonónica, con la marcha ¡Cuánto te amaba!, marcha de 1896 del lorquí Juan Antonio Gómez Navarro, Maestro de Capilla de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba donde tuvo de discípulo a nada menos que Manuel López Farfán, quien precisamente instrumentó esta marcha en 1942 por encargo del mismo, no estrenándose pues en vida del autor. Dedicada a Dª. Leonor Navarro y Gonzalez, madre del autor, responde al tipo de marcha fúnebre de su tiempo.

Dando un salto de más de medio siglo nos trasladamos a 1962 y a una de las marchas, a mi gusto, de mayor emotividad. El gallego Ricardo Dorado Janeiro firma en ese año Mater Mea, marcha que, según reza en la partitura editada en 1964, se dedica “A la memoria de mis padres”. “Economía de recursos” menciona respecto a esta marcha en su análisis el compositor Juan Antonio Barros Jódar que resalta la simplicidad de la misma para lograr un gran efecto emotivo y, añadiríamos, sin perder un ápice de calidad. Una marcha fúnebre muy reconocida pues suele ser muy interpretada en, por ejemplo, funerales de Estado, además de sonar tras numerosos palios en Semana Santa.

La siguiente que mencionaremos es una de las joyas (y por desgracia también muy desconocida) del patrimonio musical cordobés. Por una madre compuesta por Enrique Báez Centella en 1975. Toda una muestra de amor a una madre en forma de marcha, una marcha que, como se ha dicho de ella, de llevar otros “nombres” y/u otra “localización geográfica” estaría considerada entre las mejores obras de la música procesional.

Por su propia “filosofía musical” Abel Moreno es un autor que, más que por calidad ha destacado por cantidad y efectividad de sus obras al crear una música sencilla que inició la corriente, digamos, actual de la música procesional, pensada más en el costalero que en lo musical. Sin embargo, obras de calidad también orlan su trayectoria, siendo Cristo de la Defensión, de 1986, una de sus marchas más destacadas en este aspecto (y para algunos la mejor del compositor onubense). No es para menos, pues además de al Cristo bajo dicha advocación de la ciudad de Jerez, el guion reza lo siguiente: “A la memoria de mi padre Manuel Moreno “Maestro de la Música””. La marcha, sin salirse mucho del estilo compositivo de Abel Moreno, llevando su marcado ritmo de marcha o la reconocible melodía siendo esta protagonista sobre otros aspectos de la música, no deja de ser de sus más inspiradas obras, no es para menos, como decimos.

Cerrando los ejemplos con dedicatorias de este tipo, que menos para un “laserniano” reconocido que mencionar una obra dedicada a Pedro Gámez Laserna por su hijo, el también compositor José Juan Gámez Varo: Córdoba Cofradiera (no confundir esta marcha con la “islamizada abelmorenada” Córdoba Cofrade cuyo título, como expresaba creo que fue Antonio Burgos no es correcto ya que el adjetivo del sustantivo cofrade es cofradiero, como bien empleara Gámez Laserna en su Sevilla Cofradiera e igualmente correcto lo usó su hijo en esta marcha que nos ocupa). Compuesta en 1993, dedicada también a la Semana Santa cordobesa, ciudad en la que Gámez padre comenzó a despuntar como uno de los grandes compositores de la historia y a la que la familia Gámez Varo siempre estuvo tan ligada, una maravillosa marcha donde la herencia paterna es visible en las influencias musicales, especialmente en la saeta empleada como trío al igual que Gámez Laserna empleara en la más reconocida marcha cordobesa: Saeta cordobesa. Que mejor homenaje y que mejor forma de demostrar adulación que intentando emular (más que solo imitar) los pasos de un padre.


Las fuentes consultadas para la elaboración de esta primera parte del artículo han sido:
-DELGADO, J.M.: La marcha “Virgen del Valle” cumple cien años 1898-1998. Ed. Hdad. del Valle, Sevilla, 1998.
-Web de la Hermandad del Valle de Sevilla (http://www.elvalle.org/patrimonio/archivo-musical/marcha-virgen-del-valle/).
-Web Patrimonio Musical (http://www.patrimoniomusical.com/).
-Banda Sinfónica Municipal de Sevilla: Versión original (CD).
https://cordobacofradiera.wordpress.com/suena-cordoba-cofradiera/
-Consultas en Archivo personal de partituras.

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