Actualidad Opinión

Perdón, Señor Cabrero

Por Francisco Javier Segura Márquez

Alguna vez hemos tenido la suerte de compartir un almuerzo. Otros encuentros, fugaces y no muy conversadores, han forjado el conocimiento mutuo que tenemos.

Usted esta mañana ha pedido perdón. Pero yo venía pensando que quizás, solamente quizás, tenía que pedirle yo perdón, en nombre de todos los cofrades de Sevilla, y particularmente -y perdón por lo egocéntrico que pueda sonar- en nombre de aquellos que, como yo, pertenecemos a una, dos, tres, cuatro o incluso cinco juntas de gobierno -ahí es ná; vamos, que conozco el paño-.

Lo que decía. Le pido perdón, sr. Fernández Cabrero, por haberle llevado a opinar parcialmente en un acto parcial organizado por algunas hermandades sobre la colaboración total de muchas de ellas en un acto en el que, por circunstancias personales de cada una, no les ha sido posible participar. Yo entiendo, y en eso le descargo y disculpo -que el perdón no se le niega a nadie-, que Vd. en todo momento se refirió a la participación “escasa” en algo concreto, a través de cuyas gafas ha mirado la implicación de las hermandades en una cuestión general por la que todos, repito, todos, luchamos cada día con todas nuestras fuerzas.

Perdone por estar mirando cada día por un euro -iba a decir una peseta, ¡qué viejo!- para destinarla a los venezolanos que no tienen qué comer, a los pobres que visitan la capilla, a la Cáritas Parroquial, al proyecto de Maruja Vilches (ciertamente desairado) o a tantas causas que luego, por H, por B o por C, no salen en los papeles ni tienen la misma difusión que cuando las llevan a cabo hermandades “vip”, que lo serán por cantidades de hermanos y de euros, pero no por la calidad humana de su gente.

Yo he visto a mayores de sesenta y setenta años aguantar todo el día en pie visitando hogares, recogiendo alimentos, atendiendo a pobres y hambrientos. Yo he visto a jóvenes, de los que sólo quieren reggaeton e Instagram, dando viajes con carros para llevar comida y productos de necesidad a quien más falta le hacía. Yo he visto a personas poner en riesgo su vida para salvar la de otros, de muchas maneras y formas, y sé muy bien lo que digo.

Perdónenos, sr. Cabrero, por no haber sabido expresarlo bien. Un error así lo tiene cualquiera. Pero yo le pido que tenga Vd. presente que no es más caridad el que más veces lo cuenta, sino el que se quita más latidos del corazón para conseguirlo.

¡Viva la Virgen de la Esperanza, que como buena Madre, es la que manda en Su Casa!

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