Actualidad Opinión

El 1,6 por ciento

Como suele decirse, Cabrero lió el taco con sus palabras. Tuvo respuestas de todos los colores aunque la mayoría de ellas movidas desde las tripas. Sus declaraciones fueron como un torpedo hacia la línea de flotación de los complejos capillitas. Alguien debería haberle respondido al hermano mayor de la Macarena que la caridad solo es un completo, una de esas cosas por acompañar, que a los cofrades lo que nos gustan son los pasos. Pero como eso es de frikis y de tontos de capirote, todos agachando la cabeza con ese gesto avergonzado y justificando lo mucho que amamos al prójimo con un kilo de comida. Está bien. Pero hay que decirlo más, sin complejos y con alegría: nos gustan los pasos y aquí hemos venido a sacar pasos. Lo de la caridad, bien, que es una virtud individual, personal, como la templanza, la fortaleza, la justicia, la fe o la esperanza. Las organizaciones nunca podrán poseer virtudes personales. Lo que sí hacen las hermandades es organizarse para celebrar cultos y sacar pasos, poner cofradías en la calle y celebrar la fe. Pero el complejo de los capillitas ha impedido que alguien respondiera así.

Cabrero tuvo que matizar sus datos. Ya está todo aclarado. Sin embargo, hay un dato que evidencia la realidad. En el informe de la caridad de 2017, realizado por Ignacio Valduérteles, se afirmaba que las hermandades están compuestas por 227.307 hermanos. Ya sabemos que hermanos no son personas, pues una persona puede pertenecer a varias hermandades. Aquel mismo informe decía que la caridad de las hermandades estaba realizada por 1.857 voluntarios. ¡Toma ya! Hagan la cuenta. Pues se trata del 0,81% de los hermanos. Seamos generosos. Supongamos que, de media, una persona pertenece a dos hermandades. El porcentaje de personas implicadas en tareas de Caridad ascendería al 1,62%.

En Sevilla capital hay 125 hermandades de gloria, penitencia y sacramental que podrían aglutinar a casi 115.000 personas y de todas esas, ni dos mil están implicadas en acciones de caridad. La conclusión es doble: las hermandades estarían fracasando, aparentemente, en el propósito de promover la virtud de la caridad entre sus componentes y, en segundo lugar, las hermandades no son voluntariados ni oenegés. Aquí el personal se apunta -sí, se apunta, vamos a hablar con propiedad- para salir en las procesiones, para sacar pasos. Al final, la realidad siempre es más testaruda que cualquier otra ensoñación de lo que debería ser

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