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Música para el recuerdo: marchas dedicadas a la memoria de los que ya no están para el mes de difuntos (Bandas de Cristo – parte I )

Aunque pensaba en inicio dedicar sendos artículos correspondientes a cada género de las denominadas “Bandas de Cristo” (es decir, Agrupaciones Musicales y Bandas de Cornetas y Tambores) el hecho de que ambos compartan prácticamente unos mismos autores destacados y que incluso se pueda decir que las fronteras musicales entre ambos cada vez están menos nítidas, he preferido resumirlos en un solo artículo con tres partes para poderlos desarrollar mejor, en lugar de en dos que al final serían cuatro partes.

Igualmente, en esta música “de Cristo observamos unas propias características intrínsecas que la hacen bastante diferente en ciertos aspectos a las Bandas de Música, siendo tres las principales diferencias : el mayor amateurismo que, salvo contadas excepciones que sí que alcanzan cotas “semiprofesionales”, la mayor parte de estas bandas presenta (en todos los niveles: interpretación, formación, composición y hasta público); derivado de ello se podría mencionar el menor o peor estudio y atención que se ha realizado sobre su música en ámbitos digamos académicos o serios y que ha creado el sambenito (no juzgaremos si merecido o no) de ser música “menor”, y, finalmente, el manido dogma de los denominados “estilos”, que acota y restringe musicalmente a muchas de éstas formaciones, al cerrarse las bandas consideradas grandes a una serie de autores de cabecera y las menores al afiliarse como bandas “satélite” de éstas montando solo marchas que lleven ese sello, y dentro de ello el concepto, inexistente en Bandas de Música, de lo que se ha venido en llamar “marchas propias”, marchas del autor del “estilo” que corresponda que supuestamente una banda toca “en exclusiva” por lo que se excluye doblemente se ser tocada por otra banda de otro “estilo” y que provoca que cada banda quiera adquirir un repertorio propio, privándonos, en muchos casos, de conjunciones paso-marcha que bien podrían merecer la pena.

Es por estas razones que el estudio de las marchas de estos géneros se hace más complicado pues encontramos una mayor cantidad de marchas con una mayor variedad de dedicatorias pero, a la vez que encontramos mayor cantidad no por ello encontramos más calidad, habiendo mucha paja entre la que buscar, con muchos ejemplos de autores aficionados o marchas realizadas por encargo al autor de cabecera de turno que a veces suele entregar la primera marcha que tenía guardada en el cajón y que nos deja obras poco o nada inspiradas para el tema que nos ocupa. Y entre tanto, además, existen muchas marchas en las que dicha dedicatoria es bastante genérica o no queda del todo implícita.

Por ello, en este artículo, será bastante posible que no aparezcan grandes marchas que perfectamente podrían entrar aquí pero que, por desconocimiento o simple falta de espacio, no habré podido incluir.

Comencemos, pues, y lo mejor será hacerlo …


…en el principio:

En estos inicios de la música procesional para pasos de Cristo, debido a su propio origen fuertemente vinculado a la música marcial, así como a las claras limitaciones técnicas y a la escasa evolución musical (en comparación a las Bandas Filarmónicas) que la instrumentación y los propios instrumentistas presentaban, no veremos esa influencia de la música romántica y, por tanto, no habrá nada parecido a lo que venía siendo la marcha fúnebre (algo que en estos géneros se “retrasaría” un siglo, pues no podemos hablar de marchas fúnebres “de Cristo” hasta prácticamente finales de los años 90 del siglo XX).

No obstante, ello no privó de, ya tempranamente, encontrar en el primer género que apareció en el tiempo (el de las Cornetas y Tambores) algún ejemplo de marcha dedicada a los difuntos.

Nos referimos, como no, al linarense Alberto Escámez López, director que fuera de la centenaria Banda del Real Cuerpo de Bomberos de Málaga para la que compondría las primeras marchas netamente cofrades del estilo. Como se indicaba en la antigua web de la mencionada Banda (web hoy no existente pero cuya referencia he encontrado en el foro de los compañeros de Patrimonio Musical), Alberto Escámez no solo mantenía buenas relaciones con las cofradías malagueñas, sino también con personajes de ellas y con sus propios compañeros, pudiéndose ver dedicatorias personales en varias de sus partituras originales manuscritas, la mayoría a personas vivas, aunque una de ellas sí nos encaja en este artículo.

Hablamos de la marcha titulada ¡Al pobre Zaragoza! (1930), que en Sevilla, suponemos que no malintencionadamente aunque sí con una cierta falta de tacto, se retitularía como “Virgen del Buen Fin”, marcha dedicada a José Gómez Zaragoza, compañero bombero, amigo y vecino del propio Escámez, quien al parecer fue el que le puso en contacto con el cuerpo de Bomberos y su Banda, animándole a realizar esas primeras composiciones y que posteriormente también formó parte (aunque brevemente, como veremos) de la Banda de Bomberos como parte de su percusión. Según cuenta Enrique León Serrano, estudioso y gran conocedor de la figura del maestro Escámez, José Gómez Zaragoza fallecía el 24 de junio de 1929 de “fiebre tifoidea” descartando falsas versiones, algunas incluso así publicadas en las pocas obras editadas que se dedican a hablar de la historia de la música cofrade “de Cristo”, como que falleció en acto de servicio o incluso quienes apuntaban a que fue “fusilado en la Guerra Civil” (algo totalmente incompatible por fechas).

Musicalmente encontramos el prototipo de marcha clásica de Cornetas y Tambores de este autor: marcha en Fa menor (como la gran mayoría de su producción, al ser la escala que posiblemente mejor se ajusta a las notas que puede dar la corneta Do/Reb), claramente influenciada por la música militar y constreñida por las citadas características técnicas de la época.

Como curiosidad, además de esta marcha, Escámez dedicaría la marcha “La Virgen Llora” del mismo año, aparte de a la Hermandad malagueña de la Expiración, a la viuda de José Gómez Zaragoza.

Bastante posterior en el tiempo, aunque la incluimos en esta “obertura” por ser considerada otro gran clásico y por ser una marcha y de un autor que, en su momento, supusieron una revolución en el género, es la marcha Réquiem, marcha compuesta por Bienvenido Puelles Oliver en 1986 y que quiso dedicar a su amigo Juan Vizcaya Vargas, capataz que fue del misterio del Soberano Poder de San Gonzalo quien falleció en un accidente de tráfico en 1976. Vizcaya fue el primer capataz de la primera cuadrilla de hermanos costaleros de San Gonzalo, queriendo el destino que la primera salida de la misma fuera ese mismo año de 1976, un Lunes Santo lluvioso, que le impidió poder hacer esta primera Estación de Penitencia a la Catedral.

Grabada por primera vez en el disco “Sentimiento” (1991) de la Banda de las Cigarreras, musicalmente es interesante pues, aunque Puelles se fijaría en las marchas clásicas de Escámez, especialmente en Cristo del Amor, introduciría algunas novedades como su inicio, que comenzarían a separar la marcha algo más de lo marcial. Además, no sabemos si intencionalmente, la marcha se puede articular perfectamente en base a dos acordes: Fa menor y Do mayor, algo que podría recordar a una pieza muy conocida por todos: la Marcha Fúnebre (3er movimiento de la Sonata para piano nº 2, Op 35) de Chopin. Muy idónea, sin duda, para representar la pena ante el recuerdo de una persona querida.

Como dice el Cuarto Mandamiento…


Al igual que escribía en el anterior artículo sobre las Bandas de Música, también en el mundo de la música de Cristo, como no podría ser menos, los autores han buscado consuelo o al menos intentar transmitir sus sentimientos ante la pérdida de un padre, una madre o de ambos, dando lugar, en muchas ocasiones, a algunas de las marchas más inspiradas de estos géneros, pues las personas que nos dan la vida no merecen menos.

Y para ejemplificarlo recurriremos a sendos autores, uno en Cornetas y Tambores y otro en Agrupación Musical, que volcaron en pentagramas la pérdida de sus progenitores. Cuatro marchas que dan cuenta de como el amor y el recuerdo se pueden hacer música.

Para el género de las Cornetas y Tambores acudiremos a la figura de Pedro Manuel Pacheco Palomo, destacado y prolífico compositor sevillano, especialmente vinculada su obra con la Banda de las Cigarreras. Dicha banda grabaría la marcha Padre Manuel, marcha de 1996 que dedicaría a su padre, Manuel Pacheco Portillo, marcha muy de los inicios del autor y de esta etapa llamémosla “clásica” de Cigarreras.

Más destacada sin duda, puesto que vemos en ella la mayor experiencia y madurez del compositor, es la marcha En mis recuerdos, marcha que en 2012 compone tras el fallecimiento de su madre, Francisca Palomo. Formalmente, Pacheco se aleja del prototipo de marcha triste y sobria más típico en estas circunstancias para ofrecer, como el mismo título y autor explica, así como en las acotaciones que se pueden leer en el propio guion de la obra, un recorrido musical por los recuerdos de toda una vida con una madre, moviéndose entre las armonías más fúnebres del inicio (con cita incluida de la marcha Madre de Dios que en vida el compositor tuvo la suerte de poder regalar a su madre) en clara referencia al dolor por la pérdida, sones más flamencos y alegres cuando habla de la “sevillanía” que ella le transmitió, melodías que recuerdan a una cajita de música o incluso a una nana que nos llevarían a la infancia, y ese final con aire melancólico y contenido pero con fuerza que casi nos podría sonar a una despedida. Poco más podríamos añadir al análisis de la marcha que su propio creador no contara en el reportaje de “Desmontando” que se puede encontrar en Youtube. Vídeo en el que, por cierto, Pedro Pacheco mencionaba la idea, de momento no hecha realidad, de realizar otra marcha dedicada a su madre pero para la Agrupación Musical de los Gitanos que se llamaría “El sitio de la rosa”.

Emilio Muñoz Serna, otro prolífico compositor y destacado trompeta, será el autor que nos ejemplifique el género de las Agrupaciones Musicales.

Para su padre escribiría en 2005 la marcha así titulada, Padre, marcha que su propio autor declara que “fue la que más tardé en componer”. La marcha, que tampoco sigue el arquetipo “fúnebre”, se aleja del patetismo de este tipo de marcha para ofrecernos una melodía más melancólica y sensible, muy en la línea del autor y su banda, la Agrupación de la Redención de Sevilla. La marcha se inicia en un forte de manera algo abrupta que rompe en una melodía llevada al unísono por cornetas y trompetas que se repetirá (recurso muy típico de este autor) para llevarnos al que podría ser el tema principal en piano que, tras un pasaje donde la trompetería toma claro protagonismo, se repetirá en forte para desembocar en el solo, un solo de trompeta de cierta complejidad (también muy usado por Muñoz Serna en prácticamente toda su producción) y efecto, lo que ha hecho de la marcha una composición muy recurrente para Agrupaciones de nivel medio pero con buenos solistas entre sus filas. Tras el solo, un piano repite prácticamente la misma frase musical de la introducción, con ligeras modificaciones en la armonía que la vuelven algo más dulce, que se vuelve a repetir en forte como final de la pieza.

Como con Pedro Pacheco, posterior en el tiempo es la marcha dedicada al fallecimiento de su madre. Titulada Madrecita del Espino (título que menciona a la Virgen del Espino, patrona de El Pedroso de donde era la madre de Muñoz Serna), según cuenta el autor, la marcha se empieza a gestar en enero de 2010 y su intención era dedicársela en vida, pero su fallecimiento trastocó dichos planes. En este caso, al menos a jucio personal de un servidor, aunque musicalmente se nota una mayor madurez, contrariamente la marcha no diría que está menos inspirada, pero sí que cae bastante más en recursos efectistas propios de las marchas de la época más reciente, especialmente visible en los solos que se pierden en intentar mostrar el virtuosismo de los interpretes y en la repetición de recursos y motivos musicales que se han estandarizado en su producción de los últimos años, especialmente el tratamiento dado al contrapunto, usando mucho la imitación o tirando, en el caso de la voz de bombardino, de sus recurrentes motivos a base de escalas ascendentes y descendentes. Aun así, tiene cosas destacables, como el hecho de la marcha modular, constantemente entre la tonalidad de Do menor y su relativa Do mayor (o lo que es lo mismo, si siguiéramos las teorías de las personalidades de las tonalidades musicales, alterna entre una tonalidad que suena más triste y otra más alegre, tal vez describiendo, como en la marcha de Pacheco, los recuerdos con una madre).

Muchas otras marchas encontraríamos dedicadas a la figura de los padres y las madres. Solo por enumerar algunas destacadas y/o más conocidas podríamos mencionar marchas como Al Padre Eterno de Juan Luis del Valle y que grabara Virgen de los Reyes, Una palabra tuya, título que da la casualidad que repiten dos autores como David Álvarez García (dedicada a su padre) y Francisco Javier Torres Simón (en este caso dedicada a su madre), Una rosa en el Cielo de Francisco Moraza Cienfuegos para su madre e interpretada por la Banda de la Centuria Macarena, Elegía, 9 de julio de Bienvenido Puelles para su padre y grabada por las Cigarreras, y un larguísimo etcétera.

Que Dios os guarde en el Cielo:


No solo a los padres y madres se les dedican marchas en estos momentos tan tristes. La muerte de un familiar, tanto cercano como de lo que se denomina “familia extendida”, también puede suponer un punto de inflexión en la vida de una persona y quedar reflejado en su obra, musical en este caso.

Con el título que abre este apartado, el cordobés Jesús Lora (uno de los compositores más infravalorados, por cierto) creaba una composición que englobaba de manera genérica una dedicatoria a todos nuestros seres queridos que nos esperan junto al Padre. La interpreta la Agrupación Musical Cristo de Gracia.

Suya es también Angustias de María, dedicada a su abuelo y grabada en el disco Redentor Nuestro de la Redención de Córdoba que también incluye el título Acógeme en tu Reino del profesor Luis Alberto Fernández Pericet e igualmente dedicada a su abuelo.

Para su abuela, en cambio, dedicaba el pontanés Antonio Moreno Pozo la marcha Soledad, el Dolor de la Madre, una auténtica joya, marcha que rebosa “andalucismo” sin caer en tópicos chabacanos, todo lo contrario, andaluza en el fondo que Joaquín Turina mencionaba (“el fondo del sentimiento andaluz es triste”) que forma parte del repertorio de la Agrupación Musical de los Afligidos de Puente Genil (banda también muy infravalorada en el ambiente musical cofrade).

Volviendo a Sevilla, para la Agrupación Musical de los Gitanos, de un apellido histórico en dicha banda como es el apellido Cebrero, Javier Cebrero Arias para su tío Gabriel Cebrero, quien fuera componente de la Agrupación y hermano de dos autores que influyeron en su música, compuso la marcha Mi Ángel de la Madrugá, una de las más difundidas de la actual etapa de la Sección Musical de la Cofradía que cierra la Madrugá sevillana.

Del también sevillano y de ilustre apellido en la música cofrade, Carlos Puelles Cervantes, es la marcha, en este caso de Cornetas y Tambores, Llora la Esperanza, dedicada a su abuela y que fue estrenada por las Cigarreras

Finalmente, cerrando este apartado, hacer mención a la marcha El Dolor de Sergio Larrinaga Soler y que interpreta la Banda de Cornetas y Tambores Rosario de Cádiz. Y es que, a pesar de que no me declaro especialmente fan de dicho compositor, El Dolor tiene una capacidad de transmisión bastante fuerte, saliéndose de la línea popular más reconocida de este gaditano. No es para menos, pues dedicada a su cuñada Eva María Lojo García, encontramos, de manos de su propio hermano la historia de la marcha en el vídeo que enlazamos, cuyo testimonio nos habla de que esta composición describe las últimas 24 horas de incertidumbre, angustia, rabia, impotencia e incredulidad las cuales vivimos la familia antes de la partida de ese ser maravilloso que fue”. La marcha sin duda, consigue emplazarnos en ese sentimiento, sin estridencias, sin necesitar de muchos adornos más allá de la propia música, esa que se hace cuando se siente de verdad, saliéndose de lo clásico pero siendo una marcha que para nada desentona, sino al contrario, acompaña a la perfección cualquier momento de la Pasión tras el que suene.

…y de momento os emplazo a leer las siguientes partes. Podríamos seguir enumerando marchas, pues son muchas las sugerencias que me han ido llegando y que por extensión no puedo enumerar. Mis disculpas si ha quedado algo sin incluir y mi agradecimiento a todos ellos, especialmente a los propios autores que, tanto para esta parte como para las siguientes, también me han aportado información.




Las fuentes consultadas para la elaboración de esta primera parte del artículo han sido:
-Web y foro Patrimonio Musical.

-Web y foro El Foro Cofrade.
-Consultas en Archivo personal de partituras.

-Información de los propios autores y músicos de las distintas bandas.

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