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Música para el recuerdo: marchas dedicadas a la memoria de los que ya no están para el mes de difuntos (Bandas de Cristo – parte III)

Al final, con la extensión que ha adquirido, nos hemos metido en el mes de diciembre con este especial, pero entenderán que no es posible resumir tanto en tan poco, sin caer en la elaboración de una mera lista de marchas y autores.

Para este final reservamos los 3 tipos de dedicatoria que, por su significado, puede que contengan de los mejores ejemplos de marchas dedicadas a esas personas que ya no están pero sí su memoria.

Los dos primeros derivan de ese carácter más aficionado de la música cofrade de Cornetas y Tambores y Agrupaciones Musicales. Y es que, si en las marchas “de palio” por ser un género más profesionalizado, junto a que la producción no suele ser tan numerosa, guardan lo que podríamos llamar un mayor oficialismo, rara vez encontramos marchas que no sean dedicadas a Hermandades o instituciones y, las que tienen dedicatorias más personales, acaban fundidas con o tras las dedicatorias a estas primeras; en los géneros “de Cristo” existe una mayor apertura en ese sentido que permite dedicatorias más personales.

Es aquí donde en ese sentido, cuando la marcha se dedica y se interpreta en memoria de alguien compartido por todo un colectivo, la música se hace puro sentimiento.

Maestros:

En la vida colectiva -y no solo a nivel colectivo, sino también personal individual- de toda formación musical, se guarda un especial recuerdo y cariño a esas figuras que con su trabajo, esfuerzo, dedicación, obra o, simplemente, con su apoyo, han hecho posible su existencia y evolución. Son, en muchos casos, unos maestros de vida (expresión que, si es que no existe ya, bien puede servir de título para una marcha, ahí queda para quien la quiera usar), unos padres musicales cuya memoria también se honra con música.

Con ese título de Maestro, Dionisio Buñuel dedicó en 1991 una marcha, uno de los grandes clásicos de Cigarreras, a la memoria de Manuel Pardo Martínez, quien fuera músico de la Policía Armada y guiara en sus primeros pasos a la mencionada Banda de las Cigarreras, banda que además, anualmente, también honra la memoria de este maestro con un ciclo de conciertos, con música, como no podría ser de otra forma.

Comparte título, en este caso para Agrupación Musical, una marcha de Emilio Muñoz Serna dedicada a la memoria de José María Pérez Martos, destacado cofrade de la localidad cordobesa de Carcabuey, quien fuera Hermano Mayor de la Hermandad de los Dolores y fundador, además, de su Agrupación Musical, la cual interpreta el tema que además ha dado nombre a su primer disco.

Ya mencionaba que en algunos casos la creación de marchas bajo títulos genéricos provoca que sus originales dedicatorias caigan en el olvido o pasen desapercibidas. Es el caso de otra marcha “cordobesa”, A ti, José, del sevillano Óscar Javier Ruíz Delgado, marcha que la mayoría han acabado conociendo como Y se fue al Cielo al ser el título con el que la Agrupación Musical de los Gitanos la grabó. Esta marcha se dedicó en origen a la memoria de José Serrano Alcobendas, impulsor económico y moral de la que fue la Agrupación que llevó su nombre de la localidad de Palma del Río. Sin embargo, la retitulación y el “estreno” por parte de la más mediática banda sevillana provocó que sea un dato que pasa desapercibido o, cuanto menos, hasta desconocido o incluso erróneamente cambiada su dedicatoria, como se llegó a pensar en, por ejemplo, Jerez de la Frontera (donde se ha dicho que la marcha se dedicaba al cofrade de la Hermandad de la Clemencia José Luis Dormido de la Hera).

No podríamos cerrar este apartado sin marchas dedicadas a personas que no solo hicieron posible sus propias bandas sino que hicieron posible la propia existencia de la música cofrade, de sus distintos géneros:

Cercano al Centenario de la malagueña Banda de los Bomberos de Málaga, “Madre y Maestra” de las Cornetas y Tambores, e incluida en el disco así llamado y con motivo de dicha efeméride, el sevillano Pedro Pacheco realizó la marcha Al maestro Escámez, dedicada al mencionado Alberto Escámez, director que fuera de dicha banda y compositor de las primeras marchas cofrades del género. Se da la peculiaridad que dicha marcha posiblemente fuera la primera de un autor sevillano -quien además lo consideró un honor- para dicha banda malacitana, casi como cerrando un círculo y rindiendo unos honores a esta Banda y autor que desde Sevilla, al menos en su total magnitud y reconocimiento, todavía se sigue resistiendo. La marcha, como la describe su compositor, es una pieza para Banda de Cornetas “pura” a 4 voces, tal y como sigue interpretando esta histórica formación, mezclando formas más modernas con los sones clásicos y referencias al propio Escámez.

Más recientemente, el 1 de agosto de 2013, nos dejó Manuel Rodríguez Ruíz que, si bien a diferencia de Escámez no “creó” el estilo de las Agrupaciones Musicales, sí es cierto que fue el que las reformuló y redefinió a lo que es su forma actual, además de aportar grandes clásicos. El maestro tuvo la suerte de que en vida recibió numerosos homenajes y marchas dedicadas, lo que no le privó de tener marchas dedicadas a su fallecimiento. Destacamos aquí la marcha La herencia del maestro, marcha compuesta, no podía haber sido de otra forma, por Antonio Amodeo Ojeda, gran defensor del género y de sus sones clásicos, y que fue estrenada por Virgen de los Reyes. La marcha (a diferencia de otros homenajes) en lugar de tomar fragmentos de la música del maestro y citarlos, es un tema prácticamente original pero siguiendo las formas más puramente Manuel Rodríguez, un casi pastiche hasta el punto incluso de tomar instrumentación del pasado, flautas dulces y liras incluidas (a juicio del lector si lo considera positivo o negativo, a quien les escribe, desde luego, su retorno supone una involución: no todo tiempo pasado fue mejor y en el caso de estos instrumentos fue un avance dejarlos atrás pues, a juicio personal, rompen con la unidad tímbrica de los instrumentos de viento-metal y su sonoridad no tiene cabida en las multitudinarias Agrupaciones Musicales actuales). Es como si de esta forma, la marcha fuera un claro gesto y reverencia hacia el desaparecido maestro y, como dice su título, a la herencia que nos dejó, sin relegarla a estar escondida bajo formas actuales que escondan el homenaje bajo una marcha más.

A la memoria de un amigo:

La pérdida de un maestro puede ser un momento doloroso para una banda. Pero si algo marca realmente a la vida de un músico cofrade y de una banda como grupo, es la pérdida, sobre todo si es repentina de un compañero. Por experiencia propia (y dos veces, por desgracia), sé que la marcha de alguien con quien has compartido filas, viajes, tantas horas de ensayos, viajes y actuaciones, personas entrañables con las que compartíamos algo más que música, forjándose lazos de amistad y hasta casi parentesco, es una partida amarga, irreparable, que deja una profunda herida en el recuerdo del colectivo de la que es muy difícil, si no imposible, recuperarse.

Esa mezcla de sentimientos, ese fuerte cóctel de emociones, ha dado lugar a muchas grandes marchas, marchas salidas desde la parte interna del esternón, especialmente si el compositor también ha compartido filas o amistad con esa persona. Aquí de nuevo tengo que pedir disculpas a todas las personas que han querido colaborar en la elaboración de este artículo pues muchas son las marchas que me han sugerido y que, por extensión, se quedarán sin mencionar.

Ya vimos, de hecho, que la primera marcha dedicada a una persona fallecida (Al pobre Zaragoza), es también una marcha dedicada a un compañero, pues Gómez Zaragoza también compartió filas con Escámez en la Banda de Bomberos.

Haciendo división por géneros, empezando por las Agrupaciones Musicales:

En tu memoria es el título con el que Emilio Muñoz Serna y la Agrupación de la Redención de Sevilla, honraba la memoria de José Ángel Núñez Simón, fallecido en accidente de tráfico en 2007, quien formaba parte de 4 hermanos (uno de ellos nuestro compañero Iván, al que mando un fuerte abrazo) muy ligados a la banda. De hecho, el trío de la marcha, según me comenta el propio Iván, fue pensado para ser interpretado por sus tres hermanos (2 trompetas y 1 corneta). Formalmente, la marcha es una de las más destacables del disco XXX Aniversario en el que se grabó por primera vez, muy en la línea de su autor, marcha en Do menor comenzando sin percusión en un piano prácticamente susurrado y destacando esa parte solista, especialmente el primer solo de trompeta (literalmente, pues carece de cualquier acompañamiento que no sea la percusión) que melódicamente parece intentar modular al modo mayor y que, al menos a mí personalmente, me recuerda a esos toques de silencio de trompeta militares.

Para su homónima cordobesa, la Redención, y a la memoria de Alejandro Tendero Torres fallecido en 2012, Cristóbal López Gándara compuso Con Alma de Redención. Sin embargo, y siendo Gándara palabras mayores, un servidor en lugar de con esta marcha “oficial” se queda con la que el compositor y también amigo del fallecido Alejandro, le dedicó, titulada Nazareno del Cielo, toda una marcha fúnebre en palabras mayores en las que esa cercanía con el homenajeado queda patente en una obra salida desde el afecto. Dicha marcha no ha sido, de momento, interpretada por dicha Agrupación, siendo estrenada por la Agrupación Musical de la Vera + Cruz de la localidad cordobesa de Palma del Río.

Ya que mencionamos dicha Agrupación (haciendo un homenaje personal a quien fue un amigo), bajo el nombre de El Cielo es tuyo el moronense José María Sánchez Martín realizaba la marcha dedicada por esta formación a la memoria del que fuera su componente Manuel Carrillo Cumplido, tristemente fallecido en accidente de tráfico en una jornada tan significativa como el Domingo de Resurrección del año 2014 regresando precisamente de ayudar con su instrumento a una banda de un pueblo vecino. Si bien en este encargo tal vez no se refleja lo que los que conocimos a “Carri” siempre tenemos presente al recordarle, la marcha es interesante por el tratamiento que se le da, creando un discurso en el que cada grupo instrumental parece ir tomando la voz para dirigirse al compañero perdido, tomando especial protagonismo la corneta como solista (ya que ese fue su instrumento), y también destaca por ser una marcha en la que el autor empieza cada vez más a restar importancia a la melodía frente a otras cuestiones musicales, empleando formas y recursos que luego ser verá en marchas del género como Misericordia o Pater Aeternum (esta última la pandemia nos privó de su estreno).

Por no alargar con muchos ejemplos, citar la marcha Espéranos en el Cielo, de José Manuel Mena Hervás para el Rescate de Linares y dedicada a la memoria de Jesús Manuel Molina Sevilla.

En las Cornetas y Tambores también encontramos diversos ejemplos:

Muy interesante es la marcha Sheli ata D’am (traducido del hebrero como “Hijo de tu Sangre), obra del célebre compositor Francisco Javier González Ríos para la Banda de la Sangre de la Hermandad de San Benito de Sevilla y dedicada a la memoria del que fuera su componente Juan Miguel Méndez Chávez fallecido en accidente de tráfico (otra vez la maldita carretera) también el año 2014. Musicalmente es una obra sublime, de las que nos tiene acostumbrado este autor, en la que encontramos desde recursos y motivos que nos podrían recordar al Barroco hasta a músicas más contemporáneas, siendo singular el detalle de originalmente presentar una parte final para ser interpretada por una coral.

En el disco En nuestros corazones (2005) del Rosario de Cádiz encontramos también sendos ejemplos de marchas dedicadas a compañeros fallecidos. Una de ellas da título al disco y se dedicada a la memoria de Roberto Carlos Sánchez Domínguez, siendo la otra titulada En brazos de Dios dedicada a José Manuel Álvarez Espinosa, ambas obra de Sergio Larrinaga (junto a Héctor Marchena como coautor en la segunda), si bien, al parecer no siguen en su repertorio actual.

Doble dedicatoria tiene la marcha Es tu muerte mi vida, de Alfonso López Cortés para su Banda Paso y Esperanza de Málaga. Decimos doble, pues se dedica a la memoria de dos compañeros, Juan Antonio Madueño y Francisco Cardona, si bien se podría decir triple pues también lo está a la Hermandad del Santo Entierro de Pedrera.

Pero, culminando este epígrafe, no podemos sino mencionar el, sin duda, mejor ejemplo que cabría mencionar en él y, hasta la fecha una de las obras cumbres, no solo dedicadas a nuestros difuntos, no solo de Agrupación Musical, no solo de la música de Cristo sino de casi toda la música procesional, es la que da título a este apartado: A la memoria de un amigo, de Nicolás Miguel Barbero Rivas y que magistralmente interpreta la Pasión de Linares, dedicada a su compañero Juan Francisco Fernández García. El dolor, la tristeza, la duda, el miedo e incluso la rabia ante una pérdida se mezclan, para nosotros los cristianos, con sentimientos que podrían parecer contradictorios como la esperanza, el sueño con la Gloria y la Vida Eterna del Cielo, con nuestra propia Fe que en estos momentos de duda e incertidumbre nos intenta ayudar a sentir el consuelo y a buscar un sentido, una trascendencia a algo tan humano e inevitable pero que provoca tanto como la muerte. Nicolás Barbero supo ser capaz de condensar en apenas 8 minutos (pocos para decir tanto) todos esos sentimientos en una auténtica conversación musical entre Juanfran desde el Cielo y sus compañeros desde la Tierra en una marcha que, como bien dijo su compositor (en la descripción de la marcha que recomiendo leer) “no es para nada una marcha fúnebre y triste”. Una magna obra de las que, sin duda alguna, demuestran que la música de estos géneros para nada está por debajo de otras y hay mucho y muy bueno por ofrecer… aunque luego lleguen los de siempre (incluso desde dentro) a volver a hundirnos en el barro y colocarnos el sambenito de ser los “tontos de la clase” de la música cofrade.

Del mismo autor nazareno, finalmente, hacer mención a la sobrecogedora pero algo más fúnebre La Amargura, marcha para la Agrupación Musical Lágrimas de San Fernando y dedicada también al recuerdo de un compañero.

De Ángeles y Estrellas en el Cielo:

La muerte, como decía, es algo inherente al ser humano. Vida y Muerte son cosas que no pueden sino ir de la mano, siendo esta última capaz de presentar diversas caras que, como humanos que somos, nos llenan de zozobra y dudas, dudas que a veces ni la Fe es capaz de responder. Y cuando más a prueba nos pone es cuando decide llevarse a nuestros seres más jóvenes, aquellos que tenían todo por vivir.

En estos casos, la música se llena de ternura, de sentimientos mucho más enfrentados y, aunque parezca contradictorio, de vida. De esa vida que los más pequeños siempre irradian y que en momentos tan difíciles como éstos, se vuelven luz como las estrellas, se vuelven nuestros ángeles en el Cielo.

Una dedicatoria así se guarda tras la marcha quizás más conocida y paradigmática del nazareno José Manuel Mena Hervás: ¡Oh, bendita Estrella!. Compuesta en 1991 y hoy todo un clásico de las Agrupaciones Musicales proveniente del repertorio de la Estrella de Dos Hermanas, su origen se remonta al Lunes de Pentecostés de ese año cuando fallecía, siendo todavía un niño, Manuel Javier Reina Rubio, componente como tambor por entonces en las filas de dicha Agrupación. Así quedó, de hecho, escrito en un poema que Mena Hervás dejó manuscrito en su partitura original. La marcha, como decimos, paradigmática del estilo de este destacado compositor, responde a las características de su obra: marcha en La menor (esto es sin armadura) compuesta para ser tocada con la corneta Do/Sib o de dos pistones, con una melodía hermosa, dulce y melancólica (más perceptible cuando es tocada por bandas sin estridencias) que, a pesar de ser una marcha de “Cristo” bien podría responder a características que vincularíamos más con la música “de palio”.

Para otro joven músico, en este caso de la Agrupación Musical La Fe de la localidad cordobesa de Posadas, Víctor Sánchez Siles quien falleció en 2013 a la temprana edad de 16 años, el cordobés Jesús Lora Vaquero dedicó la marcha Mi niño de Fe y que, desde entonces, forma parte del repertorio propio de esta también joven formación malena.

Y cierro esta serie de artículos y esta parte, sin duda la más difícil de escribir, con una marcha cuya historia es de las que te encogen el corazón y el alma, hasta sobrecoger a cualquiera por duro o frío que se considere. Mencionaba en el artículo correspondiente de Bandas de Música que, si perder a una persona joven es un suceso trágico, cómo medir lo que será perder un hijo, y cuánto más si es un pequeño. Como soy una persona que no gusta nada del morbo, y ya bastantes historias de dolor he tenido -por guion- que reproducir aquí, en este caso por mayor delicadeza y respeto me gustaría, si me lo permiten, ahorrarme los detalles de ésta en concreto, una historia, que sin embargo, a pesar de la amargura y tristeza que contiene, encierra también una bonita historia cargada de ternura y de cómo la música y la solidaridad, más allá de fronteras acabó uniendo a dos personas, como vinculó a su autor con la banda que la interpreta. Estamos hablando de Mi Ángel Nazareth, marcha de José Manuel Sánchez Molero, compositor conocido principalmente por marchas para bandas como la Agrupación de la Buena Muerte de Ayamonte o algunas Bandas de la provincia de Jaén, que se dedica a la memoria de su hija, la pequeña Nazareth, que falleció tras no superar un cáncer con poco menos de 4 años de edad. Como decía esta historia y sus circunstancias llegaron a unir a Sánchez Molero con la sevillana Agrupación Musical de la Encarnación de la Hermandad de San Benito a cuyo repertorio se destinó esta marcha, siendo estrenada, no pudo haber sido en un lugar mejor, en el certamen Unidos Sevilla a beneficio de ANDEX el pasado año 2019.

No sería la única marcha que el mismo autor dedicaría a su hija: la Agrupación de la Estrella de Jaén de cuya dirección musical Sánchez Molero forma parte, incluyó en su repertorio la marcha Tú, mi Estrella, o la Soledad de Huescar (Granada) la marcha Bajo tu Estrella, mi niña.

Finalizamos aquí este emotivo y largo viaje a través de la música como recuerdo a los que nos dejaron, esa música que en estos momentos puede servir para intentar buscar el consuelo, para buscar la Esperanza a través de nuestra Fe, como un motivo más para ayudarnos a seguir o simplemente para que nos acompañe, para saber decir adiós de esa forma que solo sale cuando no median las palabras y la intimidad del pentagrama se hace aire por nuestras calles cada primavera.

Pensemos, al fin y al cabo, como se suele decir, que la muerte no es el final, que el final sería el olvido, y que, mientras esta música siga sonando y se siga haciendo, siempre guardaremos su recuerdo hasta la eternidad.

Pasen, en la medida de lo posible y con mucha precaución y responsabilidad, unas Felices Fiestas.


Las fuentes consultadas para la elaboración de esta primera parte del artículo han sido:
-Web y foro Patrimonio Musical.

-Base de datos Marchas de Cristo.

-ABC Sevilla.

-Diario de Sevilla

-Web y foro El Foro Cofrade.
-Consultas en Archivo personal de partituras.

-Información de los propios autores y músicos de las distintas bandas.

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