Actualidad Opinión

Los pensadores

El 21 de abril de 2019 a las 17 horas empezaba a sonar la marcha “Amarguras” en la puerta de la iglesia de Santa Marina. La Banda de Música Nuestra Señora de la Victoria (Las Cigarreras) entonaba este himno de la Semana Santa a la entrada del palio de la Virgen de la Aurora, como es tradicional. Los hombres dirigidos por Antonio Santiago recorrían de este modo el pasillo central del templo hasta llegar al altar, dar el toque definitivo de llamador y oírse las míticas palabras “¡Ahí queó!”. Ritual repetido año tras año. En ese instante todos teníamos la satisfacción de haber vivido otra semana extraordinaria de nuestras vidas e igualmente todos creíamos que en un año los sentimientos y emociones volverían a repetirse. 

No tenemos ninguna certeza, pero a día de hoy el escenario más optimista para volver a ver un paso en Semana Santa es el próximo Viernes de Dolores de 2022. Seguramente cuando en Pino Montano aparezca por la puerta del templo la cruz de guía de la hermandad del barrio. Llegado ese momento habrían pasado 36 meses, 1083 días y casi 26.000 horas desde la entrada del palio de la Virgen de la Aurora en 2019. Sabemos lo convulso que están siendo estos meses, pero precisamente si algo ha habido es tiempo entre Semana Santa. 

Creo que la mayoría de cofrades sabemos que cuando año tras año el Consejo de Hermandades y Cofradías ha dicho “Es que ya es Cuaresma y no nos ha dado tiempo a reunirnos. Después de Semana Santa lo haremos” en realidad no les creíamos. Ni ellos tampoco se creían, obviamente, pero el parón de la covid les ha dejado tan en evidencia que ya no quedarán ilusos ni adláteres que confíen en la institución de la calle San Gregorio, espero. La incapacidad para desarrollar la tarea encomendada es tan axiomática como sonrojante. 

Llegará un próximo Viernes de Dolores, cuando llegue, y ahí seguirán saliendo corporaciones que tienen solicitado desde hace años poder hacer estación a la catedral (Pino Montano, Misión y La Corona). El mismo caso al día siguiente con La Milagrosa. Algún Domingo de Ramos del futuro nos despertaremos con la ilusión de un niño el 6 de enero, la pesadilla del coronavirus habrá terminado, pero por la tarde seguiremos teniendo “trenecito” en la calle Francos (La Cena, La Hiniesta y San Roque). El Amor seguirá molesto con su hora de entrada y tener a La Amargura delante y La Estrella continuará entrando a las tantas. 

Vendrá el Lunes Santo, de nuevo colapso en la colación de San Vicente. Otra vez El Museo y San Gonzalo llegando a sus templos en plena madrugada. Es muy probable que El Museo entrando en la catedral en el Martes Santo, algo repetido a lo largo de los años. Y nada extraño que de nuevo tengan que retrasar su hora de salida sobre la marcha para no tener parón en la calle Alfonso XII. 

Tendremos Martes Santo, no será como el fantástico de 2018, sino seguramente como el caótico de 2019. Con San Esteban entrando a la hora que días antes no habían ni salido El Amor o El Museo. Santa Cruz haciendo parones y acelerones según indique el cronograma mágico ideado por Daniel Perera, ese que le marca su entrada oficial en catedral en el Miércoles Santo. Con el Cerro y Los Estudiantes cruzándose en Puerta Jerez y Cabrera mandando al lugar a todos los ejércitos de la ONU para decir “que todo ha discurrido con normalidad”. Esa era la vieja normalidad del vetusto Consejo ¿os acordáis?

Y el Miércoles Santo, que para la Cuaresma 2020 había dado tanto que hablar, se fijó que Los Panaderos llegaran hasta la Plaza del Museo, nada más y nada menos. Se dijo que era una solución temporal y por la premura de tiempo, la Semana Santa 2020 se les echaba encima, decían. Qué ilusos. ¿Qué dirán la próxima Semana Santa? ¿que el plan del día lo tenían hecho, pero se lo ha comido el perro?

Y Jueves Santo seguirá con sus problemas de oficios por delante y Madrugá por detrás. Y hay quién todavía quiere meter ahí a los más de mil nazarenos de la Trinidad y su hora de paso. De cabeza andamos regular en el mundo cofrade, hay que reconocerlo. Y llegados a la madrugada que hiela los corazones, otro clásico, la Esperanza de Triana comprimida, haciendo un scaletrix en la ya remozada Plaza de la Magdalena y con su fiscal de cruz llegando a Campana antes que el de El Calvario. Un plan perfecto, te aseguran quienes te toman por imbécil.  

Hay que variar casi toda la Semana Santa. Se ha dicho mil veces. Una profunda reforma que podía haberse hecho en estos tres años, como mínimo, que vamos a tener sin pasos. Tiempo ha habido. Hay diputados mayores de gobierno que en estos tres años están como un marqués en el Caribe. Al Consejo sólo se le conoce celeridad para regalar el dinero a los abonados y para irse de excursión a Antequera. 

En este periodo hemos visto a los 27 presidentes de la UE reunidos por videoconferencia, al presidente del gobierno con todos los presidentes y presidentas autonómicos y reuniones empresariales interoceánicas que han conectado a los cinco continentes. En las cofradías nada, si no hay papelón por delante, no se mueve un varal. Sólo los diputados de caridad han trabajado a destajo y algunos priostes y diputados de cultos. El resto del institucionalismo cofrade se quedó en la misma postura que “El pensador” de Rodin, diciendo: “Algo habría que hacer, pero es que no nos ha dado tiempo”.  

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