Actualidad Opinión

A la Reconquista

Va quedando claro, a cada día que pasa, que, sin pasos, no hay Semana Santa. Por mucha exposición que se monte, por más que al arzobispo repita que sin pasos, ganaremos en hondura y por más que los oficialistas le hagan la cama al prelado con aquello de «una Semana Santa distinta que no tiene por que ser distinta». Va quedando claro que la Semana Santa, tautológicamente dicho, es lo que es: pasos, música, costaleros, globos, niños, alegría, cerveza, aplausos, saetas, rezo, memoria, amistad, encuentro. Y que, sin eso, la Semana Santa de Sevilla deja de serlo para parecerse a la de Pernambuco, Dubai o Kuala Lumpur. Se agradece enormemente que quienes estaban del lado del establishment, también comiencen a reconocerlo. No pasa nada, sin traumas, pero con sinceridad. Para salir de esto, lo primero es reconocerlo.

Ahora bien, que nadie pierda de vista el foco. Que Alberto García Reyes diga en un podcast que está deseando escuchar una corneta solo es un espejismo entre tanta tragedia. Cuando las cornetas vuelvan, los cenizos de siempre volverán a su redil: que si hay demasiados pasos, que si esto se está saturando, que hay que regular las salidas extraordinarias, que si se ha perdido la medida -lo cual, en muchos casos, no deja de ser verdad- y que hay que ponerle puertas al campo porque, de no hacerlo, volveremos a tener una Semana Santa como la de los años treinta. Alegre, festiva, colorida, donde los nazarenos se levantaban el antifaz para salir en la foto y gustaba a los hombres de terminar -o empezar- en las tabernas. Una Semana Santa a la que a algunos les encanta llamar heterodoxa. Ríase usted. Parafraseando a Adolfo Suárez, la pandemia está sirviendo para elevar a la categoría de normal lo que en la calle ya era normal. Los chavales de la revista Nazarenos lo vieron claro cristalino. Si al personal le gusta comer pipas sentado en sillas de los chinos viendo pasar nazarenos durante dos horas, que nadie dude de que esa Semana Santa es tan de verdad como la de los palcos, la tiradora, la gomina y la mirada de nostalgia cuando un palio da la vuelta y se marcha.

El caso es que este subidón de naturalidad sobrevenida debería aprovecharse para reconquistar la Semana Santa. Como San Fernando preguntando dónde está mi Betis cuando llegó a Sevilla, la chusma selecta de las cofradías deberíamos levantarnos en este preludio de la verdiblanca y preguntar dónde está la Semana Santa. En román paladino, los ayatolás de las Marismas se han encargado de ir comiendo terreno a cada día y la pandemia ha brindado la oportunidad de elevar a indispensable el trío musical de La Estrella Sublime tras el paso de la Hiniesta por la calle Fray Diego de Cádiz, cuando la Virgen republicana de San Julián conquista la franja independiente del (es)Pumarejo. Que no se pierda el tirón, antes más se aumente y para eso, reconózcase patrimonio material e inmemorial de la Semana Santa a todo acontecimiento, fauna y flora que perpetra la incomparabilidad de la fiesta. Si Julio Pardo se viene con su coro a cantar detrás de la Esperanza de Triana, eso no tiene precio y apláudase. Los que recitan, cantan y lloran en la calle Parras, protéjase. Si la Semana Santa cristaliza en la vuelta de la Virgen de la Paz en la calle Brasil al son de Rocío, dígase. Nada como la Virgen de Gracia y Esperanza en la calle Caballeriza «sus blancos muros rozando». San Gonzalo, donde sea. En San Jacinto o en el Baratillo. ¿Hay algo parecido a la Carretería en la calle Temprado? No se pierdan el Polígono en la calle Hernando del Pulgar. Qué vuelva la agrupación a San Bernardo. Qué San Esteban arranque con el derecho por delante. Qué la Candelaría recupere su costero a costero. Qué abran una calentería en la calle Regina solo para la mañana del Viernes Santo. El aguardiente es intocable en los jarrillos de lata «que de plata son». Y así, hasta el infinito.

¡A la reconquista, sevillanos, a la reconquista! Que cuando pase la pandemia, se olvidarán estas penas y todo volverán a ser vallas, horarios, minutos. Volverá la necesidad de recuperar la eclesialidad y otros vendrán a decirnos que los pasos son anecdóticos porque habrán olvidado, otra vez, que sin pasos no hay Semana Santa…en Sevilla.

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Un comentario

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Jesús 02/28/2021 at 17:07

No puedo estar más de acuerdo con el artículo. Cuántos años perdidos y qué mal camino estaba tomando la Semana Santa, ojalá algún día nos demos cuenta de lo que estamos perdiendo y vuelva el sentido común y las ganas de vivir nuestra gran semana, como hacíamos décadas atrás. La obsesión por los minutos, tiempos en carrera oficial, pasos corriendo a tambor para llegar a tiempo, deslucimientos, nos cargamos los momentos y rincones únicos, como el paso de la Macarena bajo el arco, ¿Pero en qué estamos convirtiendo la Semana Santa? Señores, BASTA YA. Fuera tanta tontería y pérdida del nervio, A RECUPERAR lo que siempre fue nuestro, que es una semana al año y, a veces, con desgracias como la que ahora vivimos, nos damos cuenta de cuánto lo echamos de menos. QUE VUELVA el sentir de Sevilla y la Semana Santa tal como fue, y menos cronómetros y barreras. Felicidades al autor.

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