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El pañuelo cofrade

En una Cuaresma normal la pregunta más repetida entre los cofrades sería ¿Has visto lo que dicen hoy los modelos meteorológicos? Por desgracia, esa pregunta carece de sentido esta primavera y la cuestión que ha venido a sustituirla es ¿Has conseguido ir al “In Nomine Dei”? De nuevo nos encontramos ante una gestión del Consejo de Hermandades manifiestamente mejorable, siendo benévolos. Primero tuvimos un video promocional que parecía hecho por el enemigo, luego colas en tiempo pandémico que llegan hasta el Banco España, una hora para poder acceder a la web y cuando se consigue, las entradas han volado… ¿No hubiera sido mejor poner todas las visitas con reserva y 24/7 la posibilidad de reservar?

Ahí no quedan los problemas, si has tenido suerte y ya estás dentro de la sala, llega la segunda odisea. Que nadie se piense que va a poder disfrutar de la exposición, porque lo primero que te dicen es que el grupo de 15 personas que entra debe permanecer unido en todo momento, nadie puede adelantarse ni atrasarse. Hay diez minutos para ver cada sala. Cronometrados al segundo, como si de una prueba de atletismo se tratase. Al principio no puedes detenerte más de tres segundos delante de la figura o enser, si quieres que te dé tiempo, pero es que en la sala que contiene más elementos de interés (coronas, respiraderos, insignias, miniaturas…) es literalmente imposible verlo todo. ¿Qué sentido tiene ir a una exposición en la que no se puede aprovechar la experiencia? Los organizadores sólo buscan tener un buen número de visitantes al final de la exposición y usarlo para el autobombo. Triste objetivo para una institución que debería velar por los intereses de las hermandades, que es lo mismo que decir velar por los intereses de los cofrades. De qué sirve llegar al Domingo de Resurrección y decir que la exposición ha sido visitada por miles de visitantes, si resulta que a algunos cofrades les será imposible ir y otros irán cinco veces.

La prensa morada tradicional, casi siempre genuflexa ante la cúpula mayor de San Gregorio, puso a trabajar su maquinaria desde el día 1. Hemos tenido que leer que esta exposición era comparable a “Los Esplendores” de 1992. Incluso eso les parecía poco y han llegado a decir esta misma semana que es la mejor exposición que se ha hecho en la historia de la Semana Santa. Publicar eso es un “Sujétame el cubata” de manual. Sólo si no se vivió lo que fue el 1992 o si se vivió, pero ahora se quiere engañar a los lectores y oyentes, se puede defender esa frase. Las exposiciones del año de la Expo estaban enmarcadas en un contexto, tenían un sentido y un fin. Se dividían en tres sedes: iglesia del Salvador, iglesia del Hospital de Nuestra Señora de la Paz y la Caja San Fernando (antigua Audiencia). Las comparaciones son odiosas, en el mismo lugar que hoy tenemos la “In Nomine Dei” tuvimos la denominada como “Los Tesoros”. Igualmente, se exponía el patrimonio cofrade, pero allí podías ver unos 20 mantos (ahora la mitad), 20 coronas (ahora ni la mitad), no sé cuántos puñales, sayas, potencias, insignias, tres carretas del Rocío… Insisto, las comparaciones son odiosas, sobre todo si se quiere defender la actual exposición como la mejor que se ha hecho nunca. Y esto no quiere decir que lo que ahora vemos sea malo o la exposición tenga poco patrimonio. 

Como digo, “Los Esplendores” no era una sola sede, eran tres. En el Salvador podías ver hasta seis pasos completamente montados. Con sus titulares, no con maniquís. Cristo del Amor, Cristo de Pasión, misterios de la Exaltación y Presentación al Pueblo y palios del Dulce Nombre y Las Cigarreras. Casi ná. Y un detalle importante, muchos recordamos esos pasos en sus traslados, no sólo en la exposición, porque nunca está de más incidir en la idea que aquí lo que nos gusta a la mayoría es el paso en la calle. Le pese al beaterío que le pese, es lo que sustenta a todas las hermandades. Enfrente de la iglesia del Salvador estaba la iglesia de la Paz, allí había ocho imágenes de Gloria: Luz, Alegría, Amparo, Divina Enfermera, Madre de Dios del Rosario, Pastora de Santa Marina, Reyes de los Sastres y Salud. La historia devocional letífica de la ciudad reunida en un mismo lugar. Durante meses estuvo la gran “Magna Hispalensis” en la catedral, que se complementaba muy bien con “Los Esplendores”. Se podía ver el patrimonio de la archidiócesis y lógicamente también había patrimonio cofrade, empezando por otros dos pasos montados al completo, de nuevo con sus titulares, Cristo de las Misericordias de Santa Cruz y Virgen de la Candelaria. Los cuales también tuvieron traslados a modo de procesión. 

Por si todo esto fueran pocas diferencias, hay que recordar que el otro gran objetivo de 1992 era la proyección de la ciudad a través de la Semana Santa. A las exposiciones cofrades vinieron los reyes de España, intentando dar relevancia nacional e incluso internacional. Se engalanaron las calles de la ciudad en referencia a lo que se estaba exponiendo. Allí fuimos muchos sevillanos, pero también turistas. Ahora no pueden venir ni cofrades de municipios cercanos. Todo por intentar hacer un sucedáneo de la Semana Santa, por la cabezonería de no querer esperar a un momento más adecuado. No han querido hacer una exposición cofrade. No han querido poner en valor el patrimonio de las hermandades. No han querido proyectar la ciudad usando una de sus grandes fortalezas. No. Lo que han querido es tejer un pañuelo donde secar sus lágrimas por la No-Semana Santa.

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