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El Pajarito de San Pedro… tras la Semana Santa velada

Bien, bien, bien… pero fatal, fatal, fatal… La crónica del sucedáneo de Semana Santa de 2021 en el Pajarito de San Pedro de este viernes.

“Bien, bien, bien… pero fatal, fatal, fatal…”.

El audio del famoso Angelito el “aguaó” puede ejemplificar estupendamente la crónica de la recién finalizada Semana Santa de 2021, que por fin ya se acabó. Como auguramos, fue la Semana Santa de las colas (no sólo de personas en la calle Cuna); del evento sucedáneo, pero sin intimidad; de los bares llenos; del corcho en los altares; del Palermasso; de la falta de playas a pesar del viento de levante; de los coches embarrados; del toque de queda; y en la que faltó lo más importante y lo que le da sentido desde hace un puñado de siglos, Dios en las calles de la ciudad.

Tras la inesperada e inédita Semana Santa confinada de 2020, los sevillanos se reencontraron con sus imágenes una nueva primavera, en la (no) intimidad de sus templos y la suntuosidad de sus altares. Retornaron los devotos y vecinos a sus barrios y el ambiente de las feligresías y las barriadas más populares fueron similares a los de cualquier Semana Santa, con profusión de colgaduras, balcones engalanados, bares llenos y mucha devoción y recuerdos. Los jóvenes se vistieron de gala en los días “señalaítos” y las mujeres recuperaron la mantilla tras dos años. A diferencia del pasado año, las hermandades abrieron sus puertas casi de par en par para que los hermanos pudieran venerar a sus imágenes de diferentes maneras. Incluso los menos allegados a las cofradías no dudaron también en acudir a la mediática llamada que desde el inicio fotografías y colas mostraban en toda la urbe. A falta de playa, buenas son las iglesias. A falta de turistas y chinos, no faltaron sus sillitas ni los “comepipas”. Todo estaba, pero todo faltaba. Por algunos momentos, algunas zonas parecían una tarde de Feria camino del Real.

La llamada desde las autoridades eclesiásticas a no montar altares de insignias ni pasos que desviaran la atención en los días sacros funcionó a medias. Se llenaron de colas y personas aquellas iglesias que albergaban imágenes de Semana Santa, especialmente en los días correspondientes a la salida procesional. Los sagrarios y parroquias recibieron el público habitual, no más. Esto demostró que a los sevillanos les sigue encantando la fiesta que se celebraba respetando la personalidad de las cofradías en la jornada preceptiva, pero conllevó una afluencia de público masiva y mal repartida, encontrándonos en muchas ocasiones esperas superiores a la hora, y en otras, templos vacíos.

Las hermandades no siguieron un protocolo común de organización, sino que con mucha voluntad -y en ocasiones acierto- idearon setenta formas distintas de celebrar sus actos, en los que confluyeron veneraciones, Viacrucis, turnos de vela, reflexiones, se mezclaron momentos específicos para los hermanos, con otros exclusivos para enchufados y otros destinados al público en general. Si —Dios no lo quiera— este formato de Semana Santa se repitiera, habría que articular otros medios más participativos y homogéneos para que no se vivieran los momentos de desorientación en torno a los templos de este año. Eso sí, de positivo se ha sacado una correcta organización de los flujos de persona, con colaboración voluntaria de hermanos de un modo muy acertado que debería perpetuarse para futuros años y actos cuando vuelva la “normalidad”. Sobraron políticos y representaciones institucionales en estos momentos de zozobra pandémica. Algunos párrocos no ayudaron con sus franjas horarias tampoco ni muchas capillas propias ampliaron su apertura. Se vieron horarios realmente ridículos.

Además de en las iglesias, siguió la alta participación en las múltiples y variadas exposiciones. Cuando vuelvan los pasos, este despliegue cultural debe mantenerse porque su valor divulgativo es amplio y tiene margen de mejora. Especialmente, en lo referente a la organización, muy mejorable el reparto de entradas. Debemos ganar el Antiquarium como sede expositiva, como se demostró en In Paradisum, pero mejorando también notablemente los accesos. La película de la FOX de los años 30 fue la gran triunfadora (aplausos al Consejo) y debe ser de obligada visión para todos aquellos que no tienen claro de donde venimos y a donde vamos.

Dentro de los altares específicos, el millón de euros fue bien invertido. Aparecieron de la nada suntuosos altares recreando misterios o porciones de paso con desigual acierto, pero indudable buena intención de las priostías, colectivo no desfavorecido por la situación. Destacamos la Borriquita, la Amargura, la Lanzada, los Panaderos, la Exaltación o Monserrat, aunque la mayoría de elogios se los llevaron la Hiniesta sobre el paso de Cristo, el gigantesco y mutable altar del Buen Fin o la recreación completa del misterio de la Redención, olivo incluido. Lo mejor llegó al final, con la aparición velada de algunos crucificados recreando estampas de antaño, aunque algún velo fuera demasiado tupido.

No tanto como priostes y vestidores, pero el colectivo musical fue aumentando su protagonismo conforme avanzaba la cuaresma y con la llegada de los días santos. Hubo bastantes conciertos bien de índole privada u organizados por el Consejo de Bandas o el Ayuntamiento, donde se puso de manifiesto que la ciudad quería recuperar los sones procesionales en las calles. También secciones de las bandas participaron en los cultos internos o bien realizaron ofrendas flores involucrándose en el devenir diario de las corporaciones y contribuyendo a dar lucidez al día que debiera ser el de la salida procesional. Las interpretaciones musicales -aunque lejos de igualar la calidad de antaño- fueron muy dignas evitando las composiciones más complejas. Aun así, hay un escaso número bandas que siguen en barbecho sin ensayar, lo que puede cuestionar seriamente su futuro a medio plazo. Vivimos también la presentación oficiosa de Virgen de los Reyes en San Esteban mientras que ya se da por hecho la llegada de la Presentación al Pueblo de Dos Hermanas a la hermandad de Alcosa. También un famoso coro de Carnaval gaditano y un mítico grupo de sevillanas nos depararon los momentos musicales más emotivos. Todo esto ejemplariza el sucedáneo de Semana Santa sufrido.

Con respecto a los medios de comunicación, sin cofradías en la calle poco tenían que contar y comunicar, pero es de agradecer su esfuerzo. 7Tv demostró su liderazgo actual acorde a sus superiores medios humanos y técnicos; Canal Sur TV fue perdiendo fuerza conforme pasaron los días y se estrenó prometedoramente PTV con Javi Blanco. La radio perdió protagonismo, así como el streaming. Se agradece la labor altruista de A Pulso, Neflix Cofrade o La Saeta con retransmisiones programadas mejorando incluso las del año pasado. Finalmente, el Programasso de Antonio Garrido recibió las mejores críticas con un concepto joven y atrevido que parece venir a perpetuarse. En los medios escritos, se recicló mucho artículo antiguo, pero en general las crónicas diarias de los medios fueron bastante acertadas y correctas como las de Carlos Navarro Antolín (a pesar de su fijación con las mantillas y bares) y -muy especialmente- un ácido y crítico Javier Macías, muy disconforme con el sucedáneo que han tenido que sufrir los sevillanos. También Carlos Colón reivindicó la vuelta de los besamanos y besapiés. La mediática Madrugá pasó inadvertida entre los ronquidos de los ya cansados cofrades y tuvo más repercusión la posterior polémica creada en torno a las velas del templo de los Gitanos. 

Se observó un cambio notable de tendencia en los analistas y otros periodistas en redes sociales. Incluso un pregonero demostró que su afición preferida son los toros, pues aprovechó las fechas para reivindicar la obligatoria necesidad del público en la Maestranza cuando hace meses atizaba con el término “insensatos” a aquellos que querían una alternativa procesional en la Semana Santa de 2021. La conclusión de que “la Semana Santa sin pasos en la calle no es Semana Santa” fue generalizada, aunque muchos hayan llegado un año tarde a dicha afirmación que aquí defendimos desde hace muchos meses. En las redes sociales volvió a vivirse todo de modo desmedido, desde los que se echaban las manos a la cabeza por cualquier cosa hasta los que no han dudado en alabar las bondades de tener 2 o tres años sin pasos -desconocemos que tipo de beneficios tiene ello- pasando por los que simplemente se dedicaban a contar lo que vivían esos días en el pasado. Especialmente ridículo ha sido aquellos que se alarmaban de la alta afluencia en el día de salida de cada hermandad, incluyendo la foto por supuesto. ¿Qué esperaban tener el templo para ellos solos?

El monstruo volverá en septiembre y ahora nos tiene que coger prevenidos y con alternativas viables para que las cofradías vuelvan -como sea- a la calle, a recuperarla ya que este sucedáneo impuesto no sirvió para evitar aglomeraciones ni para que los sevillanos “se quedarán en casa”. Fracaso absoluto de una Semana Santa impostada que por fin terminó y en la que sólo los bares con veladores que otros años tenían que quitar salieron beneficiados. También sonrientes los enemigos históricos silentes de las hermandades: el gobernador y la iglesia. Asenjo realizó visitas selectivas obviando a muchas corporaciones excusándose en sus problemas de visión y movilidad, de los que su cortejo defendía celosamente que no se le sacaran imágenes donde mostrará su deterioro físico. Incluso Juan Espadas emigró el ¡Viernes Santo! a Málaga iniciando su precampaña a Presidente de la Junta de Andalucía. Eximimos entre los enemigos a los históricos antisemanasanta, cuyo trabajo de suprimir las procesiones se lo hemos dejado en bandeja desde dentro. No se puede volver a repetir lo de 2021. Modelo agotado.

Se quedan en la retina algunas estampas muy emotivas, aunque no muchas, para qué nos vamos a engañar. El reencuentro de los barrios con sus imágenes, Pascual González con su garganta destrozada cantándole al Martes Santo, las lágrimas de los músicos de la Redención interpretando “Alma de Dios”, las cuadrillas de costaleros no olvidándose del palo que los acerca al cielo a sabiendas que serán los últimos en volver, las campanas de San Andrés repicando a muerto en la tarde de su Lunes Santo, el chaparrón inesperado que limpió de azahar las calles, las saetas rotas de puertas adentro, las dedicatorias a los que se fueron estos dos años pasados y el impresionante vacío que nos deja un segundo año sin procesiones en la calle, que -repetimos- debe ser el último.

En nuestra mano está. De lo contrario, ya para 2022 (si es que sigue abierto) sólo nos quedará el consuelo de comernos un gofre de la calle Cuna, similar al que nos comimos este año.

Nos vemos la semana que viene, de vuelta a actualidad cofradiera con un especial desde la Parroquia de San Vicente en vísperas del gran derbi.

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Un comentario

La Estrella de Dos Hermanas no seguirá tocando tras el Divino Perdón - Portal - El Foro Cofrade 04/13/2021 at 21:49

[…] El Pajarito de San Pedro… tras la Semana… […]

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