Actualidad Opinión

La sociedad bebé (y II)

*Fotografía de portada: Raul Doblado.

“Mira, lo que no me gusta en la vida es que para hablar de algo muy serio la opinión de un entrenador de fútbol sea importante. No lo entiendo. No es importante lo que digan las personas famosas. Hay que hablar de las cosas de la manera correcta y no las personas sin conocimiento, como yo, que hablan de algo que no saben. Son las personas con conocimiento las que deberían decirle a la gente que haga esto o lo otro y si esto está bien o no. No entrenadores de fútbol. No entiendo de política, del coronavirus … ¿Por qué me preguntas a mí? Yo solo me pongo una gorra de béisbol y llevo un mal afeitado”. Esta fue la magistral respuesta que dio Jurgen Kloop, entrenador alemán del Liverpool, al ser preguntado sobre qué opinaba sobre el coronavirus y cómo se debería actuar. Ese vídeo de un minuto aproximadamente debería ponerse en todas las escuelas del país para que no sigamos educando ‘cuñaos’, aparte de ser de obligado visionado para abrirte una cuenta en una red social y si no te comprometes a seguir este evangelio, no deberías tener la oportunidad de conseguir ese enorme altavoz. Que cada uno sustituya la palabra entrenador de fútbol por la de picapleitos, ponedor de cafés, aprieta botón de cámara o la profesión que ejerza.

Llevamos un año muy jodido para todos, donde algunos hacen su negocio aprovechando que a muchos está afectando especialmente la covid. Negocio que en algunos casos se basa en conseguir algunas decenas de retuits, no creáis que mucho más. Hay a quien le da igual el daño que puedan hacer a otras personas, su único objetivo es ser la matraca de la Giralda en las redes sociales, Whatsapp o reuniones familiares, repitiendo cada cinco minutos bulos, ideas infundadas o simplemente sus prejuicios. Sin ningún conocimiento sobre el tema, sin ninguna capacidad analítica de la situación. Hace un año, cuando empezó esta mierda (llamemos a todo por su nombre), escuchábamos que el confinamiento duraría meses o años, eso decían los asustaviejas. Nos quieren controlar la vida, aseguraban. Mientras la realidad era que los palacios de deportes se llenaban de féretros y se nos iban familiares y amigos sin poder siquiera despedirlos, pero eso les daba igual. Cuando acabó el confinamiento empezaron a decir que otra vez después del verano estaríamos encerrados. Cuando esto no ocurrió, empezaron a decir que en octubre. Se acercaba el puente de la Inmaculada y dijeron que ahí sería cuando el gobierno malvado lo haría, inmediatamente después avisaron que en Navidades todos encerrados (fue justo lo contrario). Más tarde dijeron que en enero, luego que esperarían a después de las elecciones catalanas, posteriormente que en Semana Santa sí que sí, que el plan era joder a los católicos (ya veis que confinamiento el de Semana Santa con bares y templos al 300%). Ahora dicen que después de las elecciones de la Comunidad de Madrid… En fin, lo único que quieren es amargarse ellos y amargar a todos los que tienen a su alrededor. Mucho, mucho ruido, que diría el maestro Sabina. Bastante mal lo está pasando el personal como para encima meterle miedos que ni han ocurrido ni ocurrirán nunca. No inventéis más dramas, porque está claro que este gobierno, para bien o para mal, jamás va a volver al confinamiento total. Otros gobiernos sí lo están haciendo (Francia, Alemania, Italia…), aquí no. Todo es un desastre, según ellos, salvo, repito, las miles de muertes diarias, que de eso ni se ocupan ni les preocupa. La crisis económica será la peor de la historia, dicen “los economistas” que no sabrían diferenciar a Adam Smith de John Keynes. Venden siempre un futuro de terror, de control de las libertades y de una sociedad que muy probablemente no vamos a ver nunca, pero la angustia y el miedo que se queden en el cuerpo, esa es la idea. 

En realidad en todo ese discurso siempre está presente el victimismo. Por desgracia hay una parte muy importante de la sociedad que le encanta hacerse la victima, ser los más perseguidos del planeta. Esto es muy de niños también. Creen que su dolor es siempre el mayor y que lo suyo es lo único que genera sentimientos. Obviamente en una pandemia eso salta por los aires. A poco que tengamos dos ojos y dos dedos de frente, vemos que muchas personas en el mundo están igual. Sin embargo, aquí el cofrade se cree que sólo las cofradías es lo que está limitado, el aficionado al deporte cree que es sólo el deporte lo que está restringido, el mundo de la cultura que sólo las ferias del libro, el teatro, grandes conciertos o el cine es lo “perseguido” y el feriante que sólo él se ha quedado sin diversión. La realidad es que el mundo está parado en muchos sectores, pero todo volverá a su ser cuando se pueda. Todo. No perdamos ahora energía en ser unos llorones o en crear problemas inexistentes, toda esa energía la necesitamos para solucionar el problema real y salir cuanto antes: primero, porque eso supondrá menos muertes; segundo, porque supondrá volver a la normalidad. El que iba a festivales de música o grandes conciertos volverá a ir, el cofrade podrá volver a ver cofradías, el aficionado al deporte verá a su equipo en el estadio y el feriante tendrá una Feria de verdad, no una mamarrachada peligrosa en la plaza del Salvador. 

Ninguno sabemos a día de hoy qué nos vamos a encontrar en la primavera de 2022. Calmémonos todos. Tengamos paciencia, no mandemos el paso mudá cuando lo que atravesamos es la estrechez de Francos. Ni queramos vivir el abril de 2022 en el mayo de 2021. Vayamos día a día afrontando los problemas que tengamos en ese momento, sin inventarnos tragedias futuras que llegarán a producirse o no. En el anterior artículo hablamos de salud mental y esto de vivir angustiado cada día es sobre todo salud mental. Seguramente aquí sí podemos hacer mucho cada uno de nosotros (recordad que la responsabilidad individual existe, aunque se niegue). Siendo ciudadanos responsables y empáticos, la ansiedad de las personas que tenemos alrededor será menor; siendo catastrofistas, les llevaremos al Prozac, como por desgracia es cada vez más frecuente. La normalidad que todos añoramos llegará, que no lo dude nadie, pero cuando tenga que llegar. No forcemos ninguna situación que suponga una vuelta atrás trágica. Escuchemos lo que nos dicen las  personas que más saben del complejo problema que nos azota, aunque a veces no nos guste lo que dicen. Ningún adulto cuando le diagnostican un cáncer insulta o ignora las palabras que le dice el oncólogo, ¿por qué ahora se ridiculiza y no se quiere escuchar lo que advierten los médicos, epidemiólogos y virólogos? Porque somos una sociedad de bebés malcriados.

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