Actualidad Opinión

La revolución será con pasos o no será

*Fotografía de portada: Belén Vargas.

¿Qué pasará en 2022? Es la pregunta del millón entre los cofrades. La opinión publicada se ha vuelto completamente loca divulgando una ristra de ocurrencias impropias de personas que se les supone formadas en la comunicación. Ni informan, ni forman ni entretienen. Que si sacar las imágenes en andas, que si aforamiento masivo de calles, que si avenidas anchas, que si ir sin bandas ni nazarenos… Quieren inventar algo nuevo, porque se haga lo que se haga, si no hay un pasos en la calle y gente viéndolo, no lo podemos llamar Semana Santa, bajo ningún concepto. Cuando la normalidad sanitaria vuelva a nuestras vidas, la Semana Santa – sea en 2022, 2023 o 2024 – tendrá pasos, nazarenos, bandas, costaleros, ‘izquierdazos’ y petalás. Punto. La celebración de esta fiesta es algo plenamente arraigado en nuestra tierra. Harían falta generaciones enteras sin procesiones para que ocurriera lo que algunos llaman desacostumbrarse. Es de primero de cofradías saber que dos, tres o cinco años es un periodo ínfimo en la vida de las hermandades y de los cofrades. Se han superado otras adversidades mucho peores y más duraderas, aunque ahora los melodramáticos crean que el mundo se ha acabado. 

Por otro lado están los que dicen que en 2022 tiene que haber Semana Santa “como sea”. Pues mira, no, como sea no. Si su celebración supusiera riesgo para la salud de la población, obviamente no habrá Semana Santa ni Feria, ni Carnavales, ni estadios de fútbol llenos, ni grandes conciertos, ni festivales de música, ni Sanfermines, ni Fallas, ni Oktoberfest de Munich ni tantos y tantos eventos que la lógica sanitaria ha mandado parar durante este tiempo. Por cierto, que en todas estas fiestas no hay ni costaleros ni agrupaciones musicales y bandas tocando “Al Compás de la Laguna” o “Alegoría de la Fe” y están igualmente paralizadas, prueba evidente de dos cosas: ni somos los únicos a los que no se les permite celebrar sus fiestas, ni el problema está en los costaleros y las bandas. El contratiempo en pandemia siempre es el público y las masas de personas incontrolables y en movimiento. Cuando éstas no supongan un riesgo sanitario, se volverá a la normalidad en todos los ámbitos de nuestra vida, que nadie tenga ni la más mínima duda en este asunto. 

Una vez dejemos atrás al maldito bicho, lo único no negociable son los pasos en la calle, el público y los cortejos. Es verdad que no hace falta ser Nostradamus para vaticinar que el mundo de 2022 no será igual que el de 2019; como el de 2019 no era igual que el de 1999 o el de 1999 era diferente al de 1979. Aunque algunos quieran una sociedad inmóvil e incluso luchen por ello desde la ideología, continuamente fracasan en sus objetivos, porque la vida es cambio y progreso, afortunadamente. La Semana Santa, que siempre es hija de su contexto y por eso se ha mantenido a lo largo de los siglos, no va a ser ajena a esos cambios. Tampoco va a coger a nadie por sorpresa, pues llevamos aproximadamente 60 años hablando que el sistema organizativo de la celebración está colapsado. Se ha ido dejando pasar año tras año hasta llegar a las situaciones esperpénticas que teníamos en 2019.

No sabemos cuándo, pero sí sabemos que llegará un Domingo de Ramos y habrá una cruz de guía que se ponga la primera en la calle. ¿Será en el Porvenir? ¿Pino Montano? ¿Ciudad Jardín? Ese es el tema que tenemos que ir viendo y por supuesto no poner en cuestión que todas las cruces de guía van a salir a la calle. Llegará otra Madrugá mágica a nuestras vidas, para entonces lo que hay que trabajar desde ya es que no haya parones de 45 minutos establecidos en el Cabildo de Toma de Horas. En Triana saben muy bien de qué estoy hablando. ¿Quién va a pasar antes por catedral: El Calvario o Los Gitanos? Ni idea, justo eso es lo que sí hay que debatir, sin tener ni la más mínima duda que los titulares van a pasar por la catedral en sus hermosos pasos y palios. 

No sabemos cuándo, pero sí sabemos que pronto tendremos otro Martes Santo. ¿Entrarán las cofradías por la Puerta del Nacimiento o por la de la Adoración de los Reyes? Quién sabe, eso es lo que hay que empezar a dejar cerrado ahora. Que nadie dude que sea en el sentido que sea el misterio de la Presentación al Pueblo lo hará haciendo cambios y la cuadrilla de costaleros perfectamente conjuntada con su banda. Tendremos unos próximos Lunes y Miércoles Santo, a lo mejor si encargamos un proyecto a los profesionales nos indican que algunas corporaciones de esas jornadas es conveniente que se intercambien. ¿Es eso lo importante? No, eso sería un cambio para mejorar todos. Lo importante y lo que va a pasar seguro es que nos vamos a embelesar viendo la bellísima Virgen de las Aguas en la Plaza del Museo al son que su extraordinaria banda le marque. 

No sabemos cuándo, pero sí sabemos que la próxima Semana Santa las cofradías irán a la catedral con todos sus avíos, mal que les pese algunos. Si antes de ello han tenido un recorrido oficial u otro, si lo tienen luego o incluso si no lo tienen es lo que deberían decidir técnicos expertos en la materia. Mientras no se toque los que aquí llamamos “la cofradía” (nazarenos, pasos, costaleros, bandas y público) lo demás tóquese todo lo que sea necesario para mejorar y evolucionar. A lo mejor la próxima vez que podamos tener Semana Santa ésta es revolucionaria, ¿Quién sabe? ¿Por qué no?  Quien quiera tragar con estafas temerarias como la de 2021 o como la que algunos plantean para el 2022, que trague. Quien quiera ser un sociópata y ponga los pasos por encima de la vida de los demás, que lo sea. Que sigan con la coletilla del “como sea”, que si en 2022 no fuera viable por motivos sanitarios, es seguro que por mucho que repitan “como sea” pues será que no. Lo único que habrán conseguido serán frustraciones personales.

Mientras tanto, los que estamos en medio y lo único que pedimos es prudencia, trabajo y sensatez seguiremos haciéndolo, aunque a veces sea como predicar en el desierto. Demasiadas personas prefieren perder el tiempo en debates vanos e insustanciales, que no van a llegar a ningún sitio, antes que centrar el foco en lo que de verdad urge cambiar y además es factible hacerlo. Toda labor que se haga para tener lista la próxima Semana Santa nunca será tiempo perdido, porque sea en 2022, 2023 o 2024 verá la luz algún día y se recogerán los frutos. Ojalá sea en 2022, pero si eso fuera así, ya iríamos tardísimo, porque queda mucho por planificar y aquí estamos rascándonos la barriga y debatiendo si la Tierra es plana, que en lenguaje cofrade es si vamos a tener pasos o andas o si vamos a salir a la calle con una pandemia que tiene paralizado gran parte de los eventos del mundo. Seguro que sacaremos los pasos cuando no haya pandemia. Ahí ya sí volveremos a decir que hay Semana Santa, aunque el resto de cosas hubiesen cambiado.

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