Actualidad Opinión

¿Defiende el Consejo a nuestras cofradías?

*Fotografía de portada: El Correo de Andalucía.

Hace algunas semanas Isidoro Moreno desarrollaba en una conferencia las encrucijadas que la Semana Santa había tenido desde su conformación. Él define las encrucijadas como especies de rotondas, donde una vez se llegue a ellas hay varias salidas posibles. En su opinión, podemos estar iniciando la cuarta encrucijada de la Semana Santa, que viene marcada por el fuerte control de la Iglesia y la falta de autonomía de las hermandades. Creo que nadie puede negar este punto. Actualmente, es la Iglesia la que pone trabas a cualquier culto externo, no el poder civil. Ahí tenemos el ejemplo de cómo las instituciones públicas permitían el acto que la Hermandad de la Esperanza de Triana quería hacer la pasada Cuaresma y fue Palacio quien cortó de raíz los deseos de la corporación. Las procesiones de Gloria ya no pueden salir ni de sus feligresías en sus procesiones anuales o cualquier hermandad tiene que pedir permiso al arzobispo para sobrepasar los límites de una calle que tiene a escasos metros de su sede. Incluso se llega a obligar la repetición de procesos electorales de una forma arbitraria. En la Hermandad de Jesús Despojado saben de qué hablo. 

En la bibliografía del papa Francisco podemos encontrar extensas referencias al mal que hace el clericalismo: “El clericalismo es, a mi juicio, el peor mal que puede tener hoy la Iglesia”, “El clericalismo es esencialmente hipócrita…el clericalismo es una verdadera perversión en la Iglesia, porque pretende que el pastor esté siempre delante, establece una ruta y castiga con la excomunión a quien se aleja de la grey. En síntesis: es justo lo opuesto a lo que hizo Jesús. El clericalismo condena, separa, frustra, desprecia al pueblo de Dios”. Y seguimos con referencias textuales del papa de Roma “Queridos hermanos, huyan del clericalismo, decir no a los abusos, sean de poder o de cualquier otro tipo, significa decir no con fuerza a todo tipo de clericalismo”. “El clericalismo hace mal, no deja crecer a la parroquia, no deja crecer a los laicos. El clericalismo confunde la figura del párroco, porque no se sabe si es un cura, un sacerdote o un patrón de empresa, ¿no?” o “El clericalismo designa una manera desviada de concebir el clero, una deferencia excesiva y una tendencia a conferirle superioridad moral”. Todo esto no lo dice ningún anticlerical, son las advertencias del propio papa de Roma, aunque estas frases nunca las verás en las cuentas oficiales de nuestras hermandades ni en las del Consejo. 

Si contestamos de manera sincera a la pregunta que da título a este artículo, nos daremos cuenta que los cofrades tenemos un problema. Se recuerda mucho a Chaves Nogales, cuando decía lo del gobernador y el cardenal, como enemigos natos de la Semana Santa. Eso era en 1935, pero durante el siglo XX y lo que llevamos de XXI se ha ido gestando otro enemigo, en mi opinión: el presidente, es decir, el Consejo de Cofradías y Hermandades. Entendiendo que las tres instituciones tienen características y objetivos distintos, sí hay que hacer una diferenciación importante: Palacio y Consejo son enemigos internos (por tanto más peligrosos) y entes endogámicos (por tanto más difícil, o fácil según se vea, de combatir). Son dos instituciones en las que el aire fresco no entra nunca, el problema no está en las personas que ejerzan el mando, el problema está en el funcionamiento de la propia institución. Da igual que se llame Francisco Vélez, Carlos Bourrellier, Adolfo Arenas… la endogamia hace que sus decisiones e ineptitudes sean siempre las mismas. Se trata de un club privado de amigos que se dan puñaladas traperas entre ellos y que se arrodillan ante el cardenal. Igualmente, da igual que se llame Asenjo, Amigo Vallejo, Ilundain, Saiz Meneses o Solís y Folch de Cardona, el problema siempre será la religiosidad popular (llamada piedad popular por ellos desde el Concilio Vaticano II) y entender a ésta como un enemigo o en el mejor de los casos como algo menor, algo a domesticar.

Especialmente sangrante es el caso del Consejo, donde a nadie extraña que la elección de su presidente se produzca exclusivamente entre sus amigos, aunque se autoproclaman representantes de todos los cofrades. Eso se llama oligarquía. En democracia estas instituciones tienen voto directo y se puede presentar quien desee. Nos basta con mirar la elección de hermanos mayores en las hermandades. Alguna vez ya lo he escrito por aquí, ¿Por qué no unas elecciones abiertas en el Consejo, donde se presente la persona que desee y tengamos derecho al voto tod@s l@s herman@s de Sevilla? Eso sí sería una verdadera revolución, convertir la oligarquía en democracia. Pero aquí no interesa exigir y luchar contra el poder establecido. Sevilla está llena de ciudadanos medrosos. Siempre ha sido así, por eso en este territorio las invasiones o los golpes de estado casi nunca han tenido resistencia. Aquí nos creemos muy valientes por poner un tuit contra la gestión de Asenjo, pero luego esos mismos se arrodillan y le besan el anillo. Aquí en público se dice un discurso, pero en privado otro. Así jamás progresaremos a la velocidad que podríamos hacerlo. 

El patrimonio de las hermandades ya no pertenece a ellas, les metió la mano en la cartera (como diría algún ex hermano mayor) el extrañamente blanqueado hoy en día Amigo Vallejo, cuando las famosas normas diocesanas de 1997. Luego esa labor la finalizó Asenjo. Mientras eso pasa tenemos a un Consejo que no defiende nuestra parcela, sino que actúa servilmente ante quien ostente el báculo.

Soy el primero que ha criticado y critica las vallas y el control excesivo del CECOP en algunos asuntos (en otros asuntos es normal como actúa), pero me sorprende que muchos cofrades chillen ante este asunto menor y callen ante la injerencia mayor que tienen en estos momentos las cofradías. Es muy fácil ser rebelde ante el político de turno (sobre todo si no es tu cuerda), pero muy difícil enfrentarse al arzobispo. Es muy fácil ser beligerante en Twitter o en la barra de bar, pero lo difícil es dar el paso valiente hacia adelante para luchar legalmente por recuperar nuestro poder y autonomía. Sobre todo es llamativo que pase esto en una época donde la Iglesia baja cada días sus adeptos y decrece su poder en la sociedad, sin embargo, las hermandades de Andalucía suben continuamente el número de hermanos y afines. No es normal que hasta en esa situación las hermandades tengan que estar plenamente subordinadas al clericalismo. No se trata de crear un cisma, sino de actuar con autonomía, como ya hay muchos grupos en la Iglesia. Esta historia va de saber escoger la salida idónea en esta encrucijada.

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