Actualidad Opinión

Cuidar y mimar

Por Santiago Álvarez Ortega.

Nuestras centenarias corporaciones han ido evolucionando con el paso del tiempo, adaptándose en cada momento a las circunstancias que les ha ido tocando vivir. A los periodos de estabilidad han seguido otros de decadencia. Han surgido nuevas cofradías y al mismo tiempo, han desaparecido otras. No siempre han vivido largos periodos de gran esplendor como ocurre en la actualidad. Las más antiguas de las que han llegado hasta nuestros días han pasado por todo tipo de calamidades: grandes epidemias, guerras, saqueos, desamortizaciones, situaciones políticas adversas, hambrunas, persecuciones,…

El siglo XIX comenzó con la gran epidemia de 1800, continuó con la invasión francesa, le siguió el periodo absolutista de Fernando VII -donde llegaron a prohibirse las salidas procesionales-, desamortizaciones,… A mediados de siglo las hermandades estaban casi desaparecidas con un vida de hermandad casi inexistentes, cultos escasos y muchas de ellas inactivas durante décadas, siendo pocas las que realizaban la estación de penitencia.
Centrándonos en la década de los cincuenta de ese siglo XIX, vemos que en 1853, salen 15 cofradías; en 1854, salen 9 (Amargura, Amor, Montesión, Pasión, Silencio, Gran Poder, Exaltación, Montserrat y Santo Entierro); en 1855, salen 9 (Amargura, Amor, Lanzada, Pasión, Silencio, San Buenaventura, Trinidad, Montserrat y Museo); en 1856, salen 4 (Amargura, Pasión, Silencio y Montserrat); en 1857, salen 9 (Amargura, Esperanza de Triana, Quinta Angustia, Pasión, Silencio, Gran Poder, Trinidad, Montserrat y Santo Entierro); en 1858, salen 9 (Amargura, Amor, Montesión, Quinta Angustia, Pasión, Silencio, Gran Poder, Mortaja y Montserrat); y en 1859, salen 10 (Amargura, Amor, Quinta Angustia, Pasión, Silencio, Gran Poder, Macarena, San Buenaventura, Trinidad y Montserrat).
La Hermandad de la Macarena realizó la estación de penitencia en los años 1851 y 1853. En 1854 no la hizo por participar el paso del Señor de la Sentencia en el Santo Entierro Grande, y a partir de ahí comenzó a languidecer la actividad de la Hermandad, dándose la circunstancia de que en los años 1854 y 1855 no se celebraron Cabildos de Hermanos ni tampoco de Oficiales. Apenas se celebraba algún culto y las imágenes permanecían a oscuras en su capilla de San Gil. Tan sólo en junio de 1855, la hermandad adopta el juramento de la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción. Lo cierto que es que alguien dejó una anotación en el libro de Cabildos de la Corporación, que decía “En esta fecha queda disuelta la Hermandad. Sevilla, 13 de abril de 1856”. Aquellas palabras eran como el final de una historia que pocos pensaban algún tiempo antes que pudiera ocurrir, sobre todo después de haber salido victoriosos de tantas dificultades como habían acaecido desde que comenzase esa funesta centuria.

Llegado a oídos del Alcalde de la Ciudad, Francisco Espinosa y Fernández de Córdoba, hizo llamar a su despacho en la alcaldía al Hermano Mayor, José María Moreno Santamaría, para reprenderle por haber llevado a la corporación a esa situación e instándole a que convocara un Cabildo General de Hermanos el 27 de abril siguiente en la parroquia de San Gil.

Llegada la fecha señalada se presentó en el templo el alcalde acompañado del Secretario de la corporación, con la intención de presidir aquel Cabildo y que el Secretario levantase acta del mismo. Tras las preces iniciales pronunciadas por el párroco el munícipe tomó la palabra para exhortar a los macarenos sobre la urgente necesidad de sacar a la Hermandad en el estado tan deplorable en el que se encontraba por la desidia y el abandono de todos, no mereciendo la Virgen de la Esperanza a la que tantas veces habían implorado su protección, ahora permitieran esos mismos que permaneciese a oscuras olvidada en su camarín. Mientras tanto, había quedado anotado en el libro de actas “se constituye de nuevo esta Hermandad el 27 de abril de 1856, como aparece en el acta que se haya a la vuelta de esta hoja y que en el 13 de dicho mes se declara disuelta la Hermandad” Las palabras del alcalde levantaron los ánimos de los asistentes y como consecuencia de ello propuso que se eligiera un nuevo Hermano Mayor que fuese capaz de devolver a la Hermandad el prestigio que siempre había tenido. Finalmente fue elegido como Hermano Mayor, Manuel Perales Sarramián, quien se puso manos a la obra para recomponer la situación y gracias a su labor, la cofradía volvió a realizar la estación de penitencia en el año 1859, estrenando el paso de misterio y regularizando de nuevo sus salidas procesionales en la madrugada de Viernes Santo.

Aquello que más se quiere hay que cuidarlo y mimarlo cada día, la desidia y la indiferencia acaba con las más altas y robustas torres.

Related posts

Juan Antonio Rodríguez Vicente anuncia su candidatura a la Esperanza de Triana

Sacar a Dios a la calle

José Luis Muñoz

Gozo y recogimiento en el Lunes Santo. Crónica gráfica

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no participar si lo desea. Aceptar leer más