Actualidad Opinión

A ver si es verdad, carajo

Por Roberto Bernal Blanco

He de confesar un par de cuestiones antes de empezar a desarrollar este escrito. La primera: no soy partidario del uso de términos malsonantes para dar contundencia a un planteamiento, así que pediré disculpas de manera anticipada. Está usado también en el sentido del hartazgo de tantas veces que sí para finalmente nada. La segunda: este escrito estaba pensado antes de las declaraciones del concejal de Fiestas Mayores del Ayuntamiento de Sevilla ( y redactado antes de las palabras del candidato a Presidente del Consejo de Hermandades.) Confieso que cada vez soy más escéptico con las cuestiones políticas, pero existen ocasiones que hay que poner en valor ciertas declaraciones (que esperemos que no se queden en nada).

Hago referencia a las declaraciones en las que Cabrera afirma que Sevilla necesita un museo de la Semana Santa y que es un deseo de la corporación actual. Todo esto hay que ponerlo en cuarentena (perdón por este símil, teniendo en cuenta los tiempos en los que estamos) ya que nos acercamos en un plazo corto de tiempo a elecciones municipales. Pero sí, estoy de acuerdo y me subo a la ola (reitero mis disculpas por usar nuevamente otra comparación que no trae positivos recuerdos.)

Entre las razones que esgrime está la principal que no es otra que la económica. Ya sabemos que el dinero en esta sociedad es el centro de todo, es lo que todo lo mueve y es el causante principal de casi todos los problemas y todas las controversias. En una época en la que las arcas de las hermandades y de las cofradías de Sevilla se han visto resentidas, no es una mala opción otra vía de financiación para que anualmente reciban cantidades para los diversos proyectos que estas entidades llevan a cabo. Y no únicamente para las hermandades y cofradías, sino que también sería un incentivo más para la oferta cultural y artística de la ciudad. Eso sí, hace falta dirigentes valientes que apuesten decididamente por ese proyecto, porque es indigno que Sevilla no tenga este tipo de equipamiento. Haría falta también liberarse de los complejos cuando salten las voces de cierta progresía de “si es que no salimos de lo mismo, cristos y vírgenes…” A esas voces habría que decirles que despojen del apellido y se queden con el nombre, es decir, no piensen en arte cofrade, piensen simplemente en que es ARTE.

De mi cosecha añadiré otras razones u otros planteamientos acerca del museo de la Semana Santa. En esta extraña Semana Santa 2021 he tenido tiempo de acudir a las diferentes exposiciones que se han realizado, así como visitar algunos templos para ver de otra forma a las Sagradas Imágenes que procesionan en tiempos normales en la primavera de nuestra ciudad.

Por ejemplo, ¿acaso no es un lugar más adecuado e idóneo para el Cirineo de Sebastián Santos un museo que el rincón apartado donde se encuentra habitualmente? Me parece más digno “encontrarte” al Cirineo que tenerlo que ir a buscar a un recóndito recoveco. ¿Acaso no es un museo el lugar más adecuado para ciertas imágenes secundarias de gran calidad que normalmente se pasan todo el año en almacenes tapadas por mantas y arrumbadas hasta que llega el día marcado en el calendario? Si me pusiera sensacionalista también podría decir ¿acaso no es un lugar más seguro un museo que una casa hermandad, evitándose los robos que han tenido lugar en nuestras hermandades?

Se dice que las procesiones de Semana Santa son un museo en la calle. ¿Por qué nos contentamos con ese museo efímero de unas cuantas horas en la calle que no dejan lugar a contemplar tranquilamente la calidad de todo lo que rodea: bordados, orfebrería, imaginería…?

Un museo abierto todo el año, con la contradicción de que se cerrase en Semana Santa por razones lógicas. Obviamente, los Titulares de las hermandades no se deberían exponer ya que su lugar son los templos. Hago esta aclaración por si hiciera falta. Allí podríamos contemplar detenidamente cada detalle de la delantera de ciertos palios, las canastillas de pasos de misterios, imágenes secundarias de gran valor, mantos que solo se sacan una vez al año y que el resto están guardados, examinar cada detalle de los enseres de las hermandades y cofradías, antiguas túnicas (si es que se conservan) y uniformes de las bandas de música… No sé, lo veo tan lógico que no entiendo que no se haya realizado ya. Bueno, sí lo entiendo, los reinos de taifas que conforman nuestras hermandades, que debieran tener una mayor amplitud de miras; así como las promesas incumplidas, los egos y demás aspectos que conviene en este momento obviar.

Un museo que estuviera en un lugar acorde de la ciudad, es decir, en el casco histórico (algo que también ha reseñado el concejal). Un museo lleno de obras de orfebrería, imaginería, bordados y un largo catálogo. Un museo con exposiciones de carácter rotatorio para que todas estuvieran representadas y todas fueran beneficiarias. Un museo que hace falta en la ciudad.

Quizá sea demasiado romántica mi postura. Un poco ilusa también. Pero ¿y si fuera esta vez la vencida? En fin, ¡A VER SI ES VERDAD, CARAJO!

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