Actualidad Opinión

Eufemismos

Los sevillanos, en líneas generales, son muy dados al juego de no hablar de manera clara e ir por la vida con una doble moral o discurso. De hecho, hasta existe un localismo muy habitual en el lenguaje del hispalense: ojana. Esta palabra puede variar sensiblemente su significado según el contexto en el que se diga, pero la mayoría de las veces no es más que un eufemismo para no decir que alguien es un falso. En Sevilla existen muchos eufemismos y la ciudadanía no es muy dada a decir las cosas a la cara, que le pregunten, si no, a aquellos que después del pregón de Enrique Henares o Francisco Berjano les dieron una palmadita en la espalda y les dijeron que lo habían bordado y que era un texto “muy sevillano”. 

Llevamos algunos meses donde un grupo de cofrades presionan para que haya cofradías como sea (en ese “como sea” ya denotan lo poquito que en realidad quieren a este mundo). Como no son capaces de decir claramente que lo que desean es ver pasos en la calle, porque disfrutan con ello, lo envuelven en una supuesta razón mayor: el culto externo. Ahí entraría la excusa – no es más que eso – de la evangelización y la religión. “En España ningún gobierno puede prohibir el culto externo”, dicen. De hecho, la prohibición del culto externo no viene por la vía civil, sino que es Palacio quien lo prohíbe, aunque los adláteres de la curia suelen ocultar este dato, cuando hablan del tema. El que es creyente no necesita de un paso en la calle, en realidad las procesiones tampoco evangelizan a nadie actualmente (no estamos en el XVI). Todos ansiamos la vuelta de los pasos a la calle porque es algo que nos gusta y con lo que disfrutamos (palabra que siempre se oculta con eufemismos en el mundo de las cofradías). Se puede decir sin ningún tipo de complejos y no pasa nada. Sin eufemismos ni cuestiones meta-filosóficas: Nos lo pasamos muy bien viendo pasos. 

Hilando y casi bordeando con lo anterior, también se suele argumentar que los pasos deben salir por una cuestión de salud mental. Este razonamiento me enfada mucho, he de reconocerlo. La salud mental es un problema muy grave en este país y hay que tener muy pocos valores humanos para banalizarlo por una cuestión egoísta como es ver una procesión. A quienes por desgracia conocemos un hospital psiquiátrico por dentro y desde hace años reivindicamos que hay que solucionar esta cuestión nos hierve la sangre cuando vemos que se usa la salud mental como excusa para intereses fútiles. No juguéis con algo que en España está destrozando muchas vidas. No trivialicéis cosas sensibles por defender una diversión propia, por favor. No seáis tan mezquinos. Como remate, son las mismas personas que cinco minutos después se olvidan de la salud mental y dicen aquello de “Si no quieres salir de casa, no salgas, quédate encerrado” a quienes piden paciencia y conciencia con el tema de la pandemia. No ver un paso no afecta de manera grave a la salud mental, quedarse encerrado o vivir atemorizado, sí. 

Sé que lo anterior es una petición a la nada, porque quienes se alimentan sólo de egoísmo les da igual las vidas de los demás, incluso de los que tienen más cerca. Su sociedad sólo se basa en lo individual, nunca en lo colectivo, a pesar que sociedad e individualismo son antagonismos. Estamos cerquísima de volver a la normalidad sin adjetivos, ni nueva, ni vieja ni matizada: normalidad y punto. Volveremos a las discusiones de siempre, a los itinerarios, a las medidas que el CECOP adopte para la Madrugá de 2022, a peleas entre cofradías por el orden o a preguntarle al nuevo arzobispo qué tal ve él eso de pasos en la catedral el Sábado de Pasión y el Viernes de Dolores. En estos meses los medios amigos usarán uno de los grandes eufemismos, lo llaman convivencias, porque decir somos unos ineptos y unos vagos que no queremos trabajar para buscar soluciones quedaba muy largo. Una convivencia es lo que es, una reunión de amigos para tomarse diez cervezas y dos raciones de frito variado. Una reunión de trabajo es lo que nunca se hace en la Sevilla cofrade. Ya sabemos que en Cuaresma volveremos a escuchar tres años después aquello de “No nos dio tiempo” como eufemismo de “No nos dio la gana”

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