Actualidad Opinión

El camino a la normalidad

Llegó el mes de septiembre y con él el ansiado 70% de vacunación de España. A pesar de que los de la campaña del ruido (normalmente vinculados al ala política y mediática más conservadora de este país) dijeron hace no mucho tiempo que eso era imposible, que no íbamos a ser capaces y que te estaban mintiendo. Siempre ha habido ese grupo de personas que lo único que busca es estar enfangando todos los asuntos. Con la llegada de las redes sociales se multiplicó su voz y con la pandemia se ha exponenciado su influencia. Que la crisis económica que vamos a tener va a ser aterradora, que nunca más vamos a volver a la normalidad, que todo es una conspiración para quitarnos las cosas que nos gustan, que vivimos en una dictadura… En resumen, que su expresión favorita es: “Todo mal”. Aunque se les llame apocalípticos, normalmente, son malas personas, porque lanzan esas proclamas a sabiendas que a muchas personas de su entorno les va a afectar negativamente. Su objetivo es ser el centro de atención y, por desgracia, eso hoy en día se consigue inventando fantasías paranoides, no explicando los asuntos de manera analítica, sobre todo si se es un mindundi que no destaca en ningún campo y por tanto no puede ser análisis profundo de nada. 

En este punto debemos hablar de la salud mental y cómo la covid está afectando. Muchos, influidos por esa mierda (vamos a hablar claro) que son las redes sociales, especialmente Twitter, están teniendo problemas de salud, porque imbuidos 24/7 en la pantalla de su ordenador o móvil, sólo les llegan mensajes perjudiciales, confusos y manipulados. Se habla mucho de apagar la TV y poco de apagar las redes sociales. Y lo dice alguien que apagó la TV con el último capítulo de “Aida” y Twitter hace unos meses. Aunque hago un 24/7 en radio y lectura, eso sí. Estar bien informado es algo que requiere un enorme esfuerzo intelectual, es mucho más fácil cerrar los ojos, no querer ver la realidad y escuchar o leer al que te dice lo que quieres oír, sea o no verdad. Por poner un ejemplo, algunos menosprecian lo que dicen l@s mejores virólog@s del mundo o l@s médic@s que cada día ven la situación de los hospitales y, sin embargo, les encanta un árbitro de fútbol, que hace unos Excel con muchos colores y que se está forrando con gente que no quiere conocer una interpretación profesional de esos datos, sino que lo que buscan es la interpretación que ellos quieren oír. La veracidad es lo de menos. Antiguamente a este tipo de personas se les decía sacacuartos, hoy se les llama ‘influencers’.

En este humilde rincón solemos hablar de temas cofrades y/o de Sevilla y hoy no va ser menos, pero creo que esta contextualización previa también es importante para entender lo que está pasando en el mundo cofrade, ya que no somos una burbuja alejada de nuestro contexto, por mucho que algunos se empeñen en hacernos creer que sí lo somos. Quien me conoce sabe que desde hace meses vengo defendiendo que empezaríamos a retomar el culto externo en Sevilla en los meses septiembre/octubre. Es hace unos días cuando se ha llegado al mínimo exigido en la vacunación, no en junio/noviembre de 2020 o marzo/junio 2021. La caterva del ruido cofrade está actuando desde pleno confinamiento, recordemos que el famoso eslogan de “Cofrades, a la calle” surgió ahí y posteriormente se hizo viral el #HayqueVolverALaBulla, en un época que ni se había dado un pinchazo todavía. De locos. En todo momento han negado los efectos del virus y han despreciado de manera miserable a las millones de muertes que éste ha provocado.

Se empieza a leer lo del ‘freedom day’ cofrade. Los mensajes simples son los que mejor calan, sobre todo en quien se ha “informado” por personas que le han dicho lo que quieren oír y ha rehusado a informarse por fuentes veraces y expertas. El virus no se va a ir de un día para otro, será un proceso lento en el que seguro ganará la Ciencia y la Medicina, como siempre. Ahora ya sí se pueden hacer algunos actos cofrades que nos ayuden a ir recorriendo ese camino hacia la que debe ser nuestra única meta: volver a la normalidad sin adjetivos de ningún tipo. Rosarios, viacrucis o pseudoprocesiones en andas empezarán a producirse en muy poco tiempo, estoy convencido de ello. Es ahora, septiembre de 2021, cuando se puede empezar a recorrer el camino con esas migajas, antes no se podía ni eso. No serán cultos normales, como los conocíamos hasta marzo de 2020, se equivocará quien no entienda que esto es subir un peldaño en una escalera que tiene cientos de peldaños. De un día para otro nada va a volver a ser lo que era. Nada. Pero todo volverá a ser como era en 2019, cuando hayamos recorrido el camino al completo. La meta está clara: Primavera 2022. Ojalá sea así.

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