Actualidad Opinión

El derrumbe del periodismo

A nadie escapa que el periodismo en los últimos años se ha vuelto canalla, de trinchera y faltando a los tres axiomas clásicos que siempre debiera cumplir: informar, formar y entretener. Esto está ocurriendo en el periodismo político, deportivo, cultural… y obviamente también en la prensa cofrade de nuestra localidad. No hace falta decir que aunque esté generalizando, porque sin generalizar es imposible hablar, hay medios y periodistas en todos esos ámbitos que sí son excelentes profesionales y hacen una labor extraordinaria.  

En mi opinión, los medios que podríamos llamar ‘top’ de prensa morada son espacios cochambrosos que sólo viven de la polémica, divulgar falsedades y fomentar filias y fobias irracionales entre los cofrades. Cero investigación. Hacía años que no veía absolutamente nada de televisión cofrade (a excepción de un par de pinceladas de PTV la Semana Santa pasada), hasta el otro día que vi un trozo de una tertulia. Me alegré mucho de llevar tanto tiempo sin ver nada de ese programa y más me alegro de los años que van a pasar sin que vuelva a verlo. ¿Es normal que un espacio dedicado a las cofradías se amenace hasta con la agresión física por pensar distinto en un asunto complicado? Da que pensar también que tanto los argumentos de unos como los de otros eran vacíos, sin base ni científica ni argumental más allá del «porque yo lo digo». Sólo importaba chillar más que los demás y se hacían esfuerzos notables – por parte de todos – para demostrar ser el más «cuñao» de la sala. A este programa no le pusieron de nombre Sálvame, porque ya estaba cogido, pero son el mismo producto tratando temáticas diferentes. 

Reconozco que El Llamador sí lo escucho en Semana Santa, en esos días sí hacen una labor muy buena y de servicio público. El resto del año, no. Tanto en sus redes sociales como en sus programas anuales buscan simplemente la polémica o satisfacer sus cuitas personales, aprovechando el eco de un medio público. Justamente su director es el columnista dominical en un medio privado, últimamente convertido en un especialista en tener que rectificar bulos y menosprecios lanzados previamente de manera malintencionada. Todos estos medios están conformados por personas que se autoproclaman periodistas profesionales, pero luego no son capaces de hablarte de desfalcos en hermandades, abusos sexuales en grupos jóvenes o delitos graves de importantes hermanos mayores. El ranking de las mejores chicotás, las espinilleras de los jugadores o pedir selfis mientras haces la estación de penitencia lo dominan como nadie, pero la labor periodística no tanto. No es periodismo lo que hacen.

En realidad lo que más me preocupa de esto no es la cantidad de personas que puedan seguir a estos medios (y otros por el estilo), sino el caldo de cultivo que generan. Cada uno es libre de entretenerse como quiera, faltaría más, pero no hay que ser muy lumbreras para saber que una fuerte presión de la opinión publicada acaba influyendo en la opinión pública. Dicho de otro manera, si el cofrade consume masivamente ruido e información «low cost», lo que producirá luego será ruido y un mundo «low cost». Es posible que en este asunto ya vayamos tarde.

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