Actualidad Opinión

El folklore negro ha muerto, ¡Viva el folklore!

Terminó el Gran Poder On Tour. Parecía que no, y me van a perdonar, pero será que, en términos generales, soy un abonado a que si lo bueno, breve, dos veces buenos. Un fiel seguidor de less is more de Mies van der Rohe. Aunque ya sabemos que otro arquitecto, Robert Venturi, diría aquello de less is bore. Creo confiadamente que lo soberbio puede condensarse en momentos ínfimos. Como aquel grano de mostaza al que se parece la fe. Lo poco gusta y lo mucho cansa.

A pesar de cualquier valoración, resulta indudable que los bienes de esta iniciativa serán muchos y algunos de ellos ya los estamos disfrutando. Como no soy doctor en Teología, el análisis de los frutos espirituales lo dejaré en manos de los expertos en la materia. Lo mío es más mundano, inevitablemente. Y en esas cosas de andar por casa, el Gran Poder también nos ha dejado unos bienes inesperados e incomparables.

El mayor de esos regalos ha sido la confirmación de que no existe una religiosidad popular buena o mala, como hasta ahora se venía describiendo. El conocido como folklore negro se había impuesto a las demás formas de escenificar la fe, desterrando la alegría y la naturalidad en las expresiones de fervor. Así, hemos escuchado recurrentemente, en la calle y en las sacristías, la condena de unos supuestos excesos en cofradías que deseaban expresar la devoción a sus imágenes a través del piropo, la música, el andar de sus pasos o el canto. Qué duda cabe de que esa condena, en algunos casos, venía cargada de una homofobia de a cuarto y mitad de kilo. No pasa nada. El Gran Poder ha demostrado que todas las formas de religiosidad popular son válidas. Que si en la calle Afán de Ribera le gritan ¡guapa! a la Virgen de los Dolores, en la calle Tetuán se colocan dos bafles a toloquedá para reproducir el pregón de Rafa Serna.

Aquel control de los llamados excesos llevó, incluso, a prohibir las bandas de música en los regresos de las cofradías que vieran interrumpidas sus estaciones de penitencia. ¿Recuerdan a San Gonzalo sin música por la Magdalena? Impresionante. El Gran Poder ha demostrado que la música y el silencio son dos formas idénticas de querer al Señor. Que igual te acerca a Dios la música sacra de la coral de la Hermandad de la Sed a las puertas de su templo que la Banda de la Centuria Macarena en la plaza de La Campana. Que no son mejores, por tanto, ni más ascéticas ni más rigurosas, las cofradías de silencio que las que llevan tres bandas. Que el Gran Poder lo ha demostrado y es incontestable: que se puede ir a Los Pájaros en el silencio más riguroso y volver con el parapachín más popular que haya. Y es lo mismo. ¿Acaso no sigue siendo el mismo Gran Poder?

 ¿Y de la forma de llevar a las imágenes? Pues igual. Que no son más místicas unas andas con portadores de chaqueta que en un paso con costaleros. Que la escenificación, es decir, el espectáculo, es el mismo. Ahí también lo ha demostrado el Gran Poder: que se evangeliza igual en los Tres Barrios en andas sencillas que en la avenida de la Constitución en parihuela barroca. ¿O no? Y del andar, pues igual otra vez. ¿Es que acaso el Señor es menos cuando camina de frente que cuando va de costero a costero? ¿Y ese izquierdo? Leve, pero ahí queda.

El Gran Poder ha hecho lo que nadie esperaba: matar al folklore negro. Ya no queda ni una sola razón para decir que unas hermandades son más rigurosas que otras. Nadie podrá sostener que hay más fe en el ruán que en la capa de sarga. Nadie podrá mantener aquello de que el silencio es más solemne que la música.

Sin embargo, sí ha sido el Gran Poder quien ha demostrado que se evangeliza igual con música que sin ella, en paso que en andas, en silencio o con aplausos, con túnica lisa que bordada; si da igual cómo se vaya, que lo importante es ir. Si ha sido el Gran Poder quien ha demostrado todo esto, me pregunto por qué se fue a la periferia con esa pose de humildad que no era tal, con esa hojarasca de pobre y sencillo, con esa performace de entierro y silencio, cuando la fe se anuncia con alegría, la que se reservó para el centro, donde hubo dos bandas y una reproducción sonora. Donde hubo túnica bordada y paso barroco. ¿Por qué esa diferencia? Para algunos esto serán cosas menores. Sevilla, cuestión de clase.

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2 Comentarios

Jose 11/08/2021 at 16:23

Por opiniones como esta, se pierde poco a poco la solemnidad y el respeto a los actos de piedad, religiosidad popular, imágenes religiosas, etc. Esa frase quejándose de la homofobia, me da en qué pensar.

Lo que se debe hacer con respeto, silencio, recogimiento, así se debe hacer. No toda evangelización ha de ser entre saltos y payasadas. Hay momentos de evangelización que requieren meditación y silencio. Dolor incluso, si pensamos en los pecados y las consecuencias de ellos.

Bonito se ha de ver un viacrucis colorido y muy festivo.

Si no hay opiniones estúpidas…

Respuesta
Daniel 11/11/2021 at 22:02

Este es mi primer comentario en redes con respecto a cualquier tema. Espero no herir sensibilidades y poder aportar otro punto de vista. Partan de la base que no entiendo de los entresijos de las cofradías, o más bien me parecen juegos políticos de barrio. Y que aparte, al vivir en el extranjero actualmente, y por varios años, la distancia me da una perspectiva diferente.

Tanto en el presente artículo, como en la tertulia en la que apareció Daniel Marín el pasado lunes, defendió una postura que no es la que se quiere oir, pero que entiendo que tiene muchos puntos a valorar. Siempre es difícil ir contra corriente, pero es la única forma de crecer. Galileo tenía razón, y murió encerrado.

Brevemente, a otra hermandad que no fuera el Gran Poder; si cabe, la Macarena, entiendo que tendría muchas más dificultades para hacer lo que han hecho. Básicamente por la influencia que podría tener en las infraestructuras necesarias, como en el pueblo. Y este es una de las quejas que pueden tener otros cofrades; las diferentes varas de medir. Opiniones como estas son las que permiten que nos planteemos por qué unos sí y otros no, y que en esta era en las que todos somos iguales y las minorías también cuentan, cualquier hermandad tenga la posibilidad, si no de hacer lo mismo, no la cierren en su feligresía cuando quiera realizar algún acto.

Y lo otro a tener en cuenta, uniendo el Salmo 135 con todo lo que es la Semana Santa es el concepto de Evangelización. Evangeliza la persona; los que utilizan una imagen para llevar a cabo cierto proyecto. La persona que transmite ciertas emociones, o aquellos que se juntan con sus amigos para ir a ver el paso. Según la Biblia, la divinidad está en el individuo, no en los ídolos. Y esto también se relaciona con unos de los artículos sobre la Virgen que apareció en la revista Nazarenos (la evolución del concepto de la divinidad femenina). El folclore popular es la representación de la unión individual que tiene cada uno con la divinidad, la cual la debe vivir como sienta, y no debe haber ni intermediarios ni regidores de cómo se debe expresar. En mi opinión, debería ser algo interior ya que ahí entra más el concepto de espiritualidad, pero quien esté libre de pecado… (por cierto, pecado en griego significa errar el blanco, por lo que lo que hay que hacer es apuntar mejor).

Algunos dirán que es populismo cofrade, pero es mucho más difícil tener una opinión contraria a la mayoría y darla a conocer, que seguir al rebaño. Por mi parte es un placer leer siempre a alguien que se sale del guión, que ha leído, y que es lo suficientemente valiente para hacernos ver que muchas de las cosas que intentamos mantener, porque siempre se han hecho así, nos lleva a tener una ciudad anclada.

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