Opinión

El verso perfecto de Dios

La vida es todo lo que cabe en un paso de palio. Es algo que repetimos y que va impregnado en el ADN del hijo de la muy noble, muy leal, heroica, invicta y mariana ciudad de Sevilla.

El espacio volumétrico ocupado por el trono de la reina del cielo es el resumen de cada uno de nosotros. Centímetros cúbicos de amor, de consuelo, de esperanza, de la paz que solo una madre es capaz de dar.

La belleza cincelada en el metal; fundida en la cera; bordada de oro fino, de rica plata, de hilos de seda; engalanada de flores. Literatura en cada rincón.

La sutil lírica que enmarcan los doce varales son el verso perfecto que Dios quiso regalarnos en el poemario de su amor. Una décima manuscrita en caídas de bambalina, cordonería y metal que sobrecogen el alma con el rítmico soniquete que surge al batir en cada paso.

Una obra de las musas donde cada una regaló su impronta para mayor gloria. Regalo de Calíope la épica de una mujer valiente, ejemplo y espejo. La gracia de Clío que nos ha regalado la pervivencia del palio por siglos y nos llama a cuidarlo y legarlo como fuente de sabiduría. Un verso lírico de Erató que corona de rosas las regias sienes de María. Un canto de Euterpe fundido de metal y asfalto, de chisporroteo de candelaria, de brisa y murmullos. Una tragedia de Melpómene, la del dolor de madre traspasado su corazón por un puñal de pena por la muerte del hijo. El gesto sacrosanto de Polimnia en las manos abiertas que recogen el mayor amor que haya existido. La risa de Talía que bendice el banquete de la gracia de la madre de Dios. La danza de Terpsícore al compás de varal y bambalina. La cuadratura del círculo de Urania.

¿Quién no siente el arrullo de una nana cuando el sol acaricia la plateada cuna de la Virgen de la Paz? ¿Quién no siente el alma renacer con cada rayo de luna que besa el terciopelo del palio de María Santísima de las Aguas? ¿Quién no se enamora de la conjunción perfecta de la dulzura bajo palio de Gracia y Esperanza? ¿Quién no cree en un mundo mejor con cada batir de las bellotas sobre la plata en el palio de las Mercedes?

¡Pobre de aquel que aún mirando nada ve y no siente una lágrima asomar a sus ojos cuando en la noche ve alejarse al palio de la Virgen de la Victoria! Pobre del que no se ve atrapado por el palio de la Esperanza cuando se adentra en la cárcel de nuestras vidas con sones de Soleá dame la mano. Pobre de quién no lea la poesía, rizada y floral, en la cera ni recite los versos del titilar de la candelería.

El cielo mismo cabe en su gloria. 

La eternidad debe ser algo muy parecido a un paso de palio.

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